Por Míster Afro | Esto No Está Chequeado | Ilustración: Digital Snatch | #FiccionesEzeicenses
Pronto arrancará la Copa Mundial de Fútbol 2026 y la selección argentina tendrá el desafío de defender la copa obtenida en Qatar 2022. En el partido inaugural se enfrentarán México y Sudáfrica, el jueves 11 de junio, en el estadio Azteca. Argentina debutará contra Argelia el martes 16 de junio, en el Kansas City Stadium.
En el anterior Mundial, Harry Toshiba —vecino de Ezeiza y amigo de Hugo Panza— recibió el Premio al Mejor Mentalista Qatar 2022 por haber vaticinado que Argentina ganaría la Copa por tercera vez. El gurú aseguró haber visto imágenes del futuro en su televisor de 20 pulgadas, un aparato de tubo gris al que, según confesó entonces a la prensa, debía hablarle “con respeto y paciencia”.
Con motivo de la llegada del Mundial 2026, volví a contactar a Harry para que me hablara de lo que vendrá. Tras algunas evasivas, aceptó, aunque con una condición: no grabarlo ni sacarle ninguna foto para mantener su rostro en el anonimato. Solo me permitió tomar apuntes. Nos reunimos una noche en Los Primos, el bar del Club Ezeiza. Para la charla trajo su vieja televisión envuelta en una tela negra, la apoyó sobre una silla y la enchufó con la ayuda de un alargue.
Pidió un café cortado y un vaso de soda.
—Desde hace un año estoy desencontrado con la tele —me dijo apenas entramos en confianza—. Como es habitual, empecé a hablarle del Mundial para que me diera data. Yo también tengo mi orgullo y quiero ganar el Premio al Mejor Mentalista 2026. Le conté que este año hay 48 selecciones y 109 partidos repartidos entre México, Canadá y Estados Unidos. Pero las respuestas son muy extrañas.
—¿Por ejemplo?
—Le pregunté cómo iba a salir Argentina en el primer partido y apareció Messi dándole la mano a Donald Trump. Le pedí que me mostrara algo de la fiesta inaugural y emergió Messi cuando visitó al Papa Francisco en 2013. Le volví a preguntar y me tiró cientos de imágenes de Messi con Maradona, con fans ignotos, con cientos de famosos, ofreciendo publicidades, dando reportajes… pero nada más.
Harry hizo una breve pausa y miró la pantalla apagada.
—Antes era distinto. En Qatar 2022 me tiró la posta enseguida. Me mostró jugadas enteras. El penal de Montiel lo vi seis meses antes. Ahora todo viene mezclado. El fútbol se le cruza con otras cosas.
—¿Con qué?
—Primero pensé que se estaba rompiendo el tubo —comentó, y le dio un golpecito al costado del aparato—. La tele me empezó a mostrar noticias del mundo. Tanques. Drones. Gente corriendo entre edificios destruidos. Bombardeos, incendios, mares desbordados. Pantallas de computadoras repletas de signos. Gente discutiendo con máquinas. La tele parece obsesionada con otros temas, como si el Mundial no alcanzara para darnos un respiro.
—¿No viste nada de la selección? ¡¿En serio?!
—Algo. Vi a una inteligencia artificial con la cara de Mauro Viale llorando…
—¿De tristeza o de alegría?
—No sé. Desfilaron otros periodistas deportivos muertos hablando de distintos mundiales: José María Muñoz, Dante Panzeri, Ernesto Cherquis Bialo, Julio Ricardo, Marcelo Araujo. Y muchas veces Messi hablando a la cámara. Con una frase.
—¿Qué decía?
—“El mundo cambió”.
Durante unos segundos no dije nada. En la televisión del bar pasaban un compacto de Qatar 2022: el gol de Di María, atajadas del Dibu, los penales, Messi levantando la copa.
—¿Y entonces? —pregunté—. ¿Argentina puede ser campeón de nuevo?
Harry sonrió por primera vez en la entrevista.
—Mirá… en estos años hubo nuevas guerras, crisis, inflación, ataques a la salud y a la educación, problemas graves con el medio ambiente, máquinas que hablan, fantasmas de perros, presidentes y líderes muy raros, crueles… hay un malestar generalizado… Aun así, millones de personas en breve mirarán una pelota rodar a nivel global. Eso debe querer decir algo.
—¿Pero la tele qué dice?
El mentalista suspiró.
—Que el campeón del mundo 2026 va a salir de un país donde todavía la gente se emociona cuando sus compatriotas dan lo mejor de sí, pese a las dificultades.
La pantalla, apoyada sobre la silla, se encendió sola. Primero vimos estática. Después, una imagen borrosa con papelitos, cánticos distorsionados y la copa en alto.
Cuando la ilusión nos hacía dibujar algún rostro conocido en las retinas, la luz se cortó en todo el barrio.
En cuanto volvió, Harry Toshiba y la tele se habían esfumado.
Esto No Está Chequeado | Sección no basada en hechos reales | Cualquier semejanza con la realidad es mala puntería | Contacto: ezeizaediciones@yahoo.com.ar | Archivo Esto No Está Chequeado
