Por Míster Afro | Esto No Está Chequeado | Ilustración: Digital Snatch | #FiccionesEzeicenses
El martes pasó por nuestra oficina un hombre de traje, con un maletín, anteojos negros, una cicatriz en la sien y un chicle en la boca. Estábamos con Beto, Chela y Torosaurio tomando mates y comiendo magdalenas cuando, sin mayores preámbulos, se presentó:
—Soy el agente especial Joe Frank Chino. ¿Dónde puedo encontrar a Oku No Hosomichi?
—¡¿Quién?! —respondió Beto, como vocero de todos nosotros.
—El que escribe “Los haikus del tiempo” en la contratapa —aclaró Joe.
—¡Los anunnakis! Así los llama Renoldi —exclamó Chela, con una sonrisa.
—¡Renoldi es un hippie! —señaló el visitante—. Debe ser cómplice.
—¿De qué? —preguntó Beto.
—Esos haikus son una mala influencia para nuestra juventud —precisó Frank Chino.
Con la intención de que la charla no se empantanara, le dije:
—¿Señor, podría explicarnos qué necesita?
El agente apoyó su maletín sobre el escritorio de la recepción. Puso una clave y quitó la traba. Sacó un ejemplar de La Palabra de la semana pasada y leyó:
—Jueves 21 de mayo: Versos helados, / el cactus de los vientos / abre sus ojos. Se dan cuenta del peligro, ¿no? —enfatizó Joe, masajeándose la cicatriz y sin dejar de mascar el chicle.
Nos miramos desorientados durante un largo rato, hasta que me animé a lanzar:
—Perdón, señor Frank Chino, no entendemos.
—¡Así anda el mundo! ¡Brutos! ¡Mandriles! ¡Ensobrados! ¡La batalla cultural! —gritó—. Estas líneas buscan inocular una peligrosa subjetividad revolucionaria. Hablan de un mundo congelado por la presunta alienación capitalista. ¡Hay que frenar este tipo de expresiones! ¡Su objetivo es demoler occidente!
—¿Eh? —lanzó Beto, que se había distraído mirando el celular.
—Les leo otro —anunció Joe—: Lápices grises / dibujan horizontes / sobre la escarcha. ¡Clarísimo! Otro sucio intento de instalar una tensión dialéctica: la escarcha puede derretirse y el dibujo puede borrarse, pero el acto mismo de crear horizontes ya plantea una provocación. La figura de los lápices grises, como infiltrados entre los obreros, es central en la tradición trotskista, que busca crear una vanguardia a la espera de una crisis.
—Claro, claro —intervino Torosaurio, tratando de evitar que Frank Chino continuara.
—¡¡Y escuchen el tercero de la semana pasada!! —arremetió—. Ranchitos blancos, / entre troncos macizos. / Un sol a cántaros. ¡Inmoral! ¡Obsceno! ¡¿Lo ven?! Representa una realidad social donde la pobreza convive con la rebelión. Los ranchitos dejan de ser lugares pintorescos para convertirse en espacios donde habita una amenaza. ¡Entréguenme ya a Oku No Hosomichi! —vociferó al cerrar su alocución.
En medio de un clima de tensión, Torosaurio le explicó:
—No sabemos dónde vive. Él manda los haikus por email.
Joe Frank Chino sacó un sobre del maletín y lo dejó arriba del escritorio.
—Dénselo. Él va a entender —dijo y se marchó dando un portazo.
Torosaurio abrió el sobre y leyó:
—Nubes espías, / el verano dormita. / Puede llover. Firma: Su Máximo Admirador.
Salimos a la vereda para ver si lográbamos frenar al agente y hacerle algunas preguntas. Quizá podía ser un lindo personaje para las ediciones del verano. Con Torosaurio corrimos hasta la esquina de Tucumán y Deán Funes, pero ya no se veía por ningún lado.
Como los grandes poetas incomprendidos, Joe Frank Chino escribió una estela lírica en el aire y nos dejó a solas con el misterio.
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