El ladrón de libros

Por Marco Millán(*) | Esto No Está Chequeado | Ilustración: Digital Snatch | #FiccionesEzeicenses

Por suerte, la Casa de la Cultura de Villa Golf me quedaba re cerca. Llegué temprano al taller de los lunes. Tenía que hacer pis, así que pregunté en la entrada y me indicaron dónde estaba el baño.
Justo cuando iba hacia allí, me frené de golpe. Había visto de reojo muchos libros. Muchísimos. Un chico bajito, de rulos abultados, leía sentado detrás de una mesa.
—Hola, ¿querés pasar? —me preguntó al notar que me había quedado quieto.
Entré, hipnotizado por aquella cantidad de eso que yo no tenía.
—Si sos estudiante de algún taller —dijo el chico, sin levantar demasiado la vista de su lectura—, podés llevarte dos libros y traerlos cuando termines de leerlos.
¿Traerlos de vuelta?
Miré los estantes. Eran demasiado lindos para devolverlos.
El chico volvió a concentrarse en su libro. Yo me quedé observando las repisas y empecé a calcular. Al cabo de unos minutos ya tenía elegidos cinco ejemplares: uno por su tamaño, dos por las ilustraciones, otro porque parecía nuevo y el último porque parecía muy viejo.
Fui sacando y poniendo, moviendo y desordenando. El truco estaba en el caos.
Cuando estuve seguro de que nadie me observaba, me di vuelta y salí caminando con torpeza. Llevaba los libros escondidos entre la ropa.
—Tengo que ir al baño —mentí.
En lugar de volver, me fui a mi casa. Le dije a mi mamá que la clase se había suspendido y me encerré en mi habitación a contemplar mi botín.
No sabía si iba a leerlos. Nunca había sido un gran lector.
Volví a esa biblioteca.
Y después volví otra vez.
Más de una vez repetí la misma rutina.
Ese año pasé de tener cero libros a tener veinticuatro.
Empecé a leerlos. Descubrí que me gustaban. Después conocí bibliotecas más grandes, más amplias, con mejores catálogos. Al terminar la secundaria ya tenía cuatrocientos quince libros.
Con el tiempo me volví más selectivo. Dejé de elegir por el tamaño o por las tapas. Aprendí a buscar autores, editoriales y traducciones.
De adulto, viviendo solo en un departamento alquilado, rodeado de libros y algunos vicios, encontré en ellos mi razón de ser. Aquello que de chico no había sabido comprender.

***

Radio 10 informa: Tras el misterioso fallecimiento del famoso crítico literario argentino, galardonado fuera y dentro del país, la rueda de prensa ha dado a conocer parte del peritaje realizado en el último domicilio conocido del occiso, ubicado en la provincia de Buenos Aires: “En el departamento de la víctima hemos encontrado doce mil quinientos ochenta y tres libros catalogados por distintas bibliotecas públicas y privadas que, en su momento, los habían denunciado como extraviados o sustraídos. ¿Justicia poética por mano propia? Por el momento desconocemos el alcance de esta evidencia”.

(*)Coordinador del Taller de Escritura y Literatura de la Municipalidad de Ezeiza.

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