Por Rosana Ramos | Esto No Está Chequeado | Ilustración: Digital Snatch | #FiccionesEzeicenses
Durante la remontada de Argentina frente a Egipto en el Mundial 2026, la locura fue tan grande que doña Chela olvidó un detalle: su perro Simón quedó del lado de afuera de la casa.
Con el pitazo final estallaron los cohetes, las bocinas y los gritos por la victoria 3-2 tras ir perdiendo 0-2. Las ventanas vibraron, los vecinos salieron con banderas celestes y blancas y una caravana improvisada comenzó a recorrer las calles.
Simón, lejos de asustarse, sintió el llamado de la gloria. Enfundado en su camiseta oficial de la Selección, levantó las orejas como si hubiera escuchado el Himno Nacional y enfiló decidido hacia el Parque Central de Ezeiza.
En el camino pasó frente a un kiosco de French donde le regalaron unas galletitas, esquivó una fila de autos tocando bocina y recibió innumerables caricias como si fuera campeón del mundo.
Varios vecinos lo vieron avanzar solito y comenzaron a fotografiarlo y filmarlo. Un motociclista lo reconoció y le gritó “¡Vamos, Simón!”. El perro respondió con un trote orgulloso. En cuestión de minutos, las redes sociales se llenaron de imágenes del adorable pichicho, con infinidad de mensajes. Algunos usuarios aseguraban que era “el primer perro convocado de emergencia por Scaloni”, mientras otros juraban haberlo visto dirigir una hinchada entera desde una vereda. Un comerciante incluso colgó una foto de Simón en su muro de Instagram con la leyenda: “Acá pasó el héroe de cuatro patas”. Cada nueva publicación sumaba cientos de comentarios y corazones, y el nombre de Simón empezó a circular por grupos de WhatsApp como si se tratara de una celebridad.
Cuando doña Chela se acordó de Simón y no lo vio por ningún lado, sintió un escalofrío. Salió corriendo por el barrio llamándolo a los gritos, preguntó en el almacén, en la remisería y hasta en una parada de colectivo. Un vecino le mostró el celular: “¿No es este?”. Chela lo reconoció enseguida y casi se desmaya.
Uno de sus videos era viral. Allí estaba su amado Simón: ni perdido ni desorientado. Hacía pogo en la ruta, frente a la estación, con un grupo de hinchas, saltando feliz como uno más bajo un enorme cartel improvisado que rezaba: “Furor por Simón, el perro mundialista”.
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