La vela de Achebe

Por Míster Afro | Esto No Está Chequeado | Ilustración: Digital Snatch | #FiccionesEzeicenses

Visité a la abuela Achebe y me contó que mi tía Nuria le pidió que prendiera una vela por mi primo. Cansado de alquilar, está viendo de conseguir un crédito para tener casa propia.
—Tu tía me metió en un lío bárbaro —me lanzó Achebe, mientras encendía la tele con el control remoto para tener el noticiero de fondo.
—¿Por qué, abuela? —le pregunté, puse la pava y comencé a batir el Arlistán.
—Yo nunca prendo velas. Rezo para ayudar a la gente. Soy devota de Nuestra Señora de la Concepción Aparecida. Pero Nuria me enredó y me dijo que era muy importante la velita para el futuro de tu primo Luquiño.
—¿Y qué hiciste?
—El lunes, el día que Luquiño iba con Fla al banco, me levanté a las nueve y puse una vela en el candelabro verde que tengo por si se corta la luz. La dejé sobre la estufa a leña donde está la imagen de la Aparecida. Yo le pongo papel de diario en la base. Cuando se consume, se quema el papel y ahí queda. Tu tía vino al mediodía y se alarmó porque la vela se estaba terminando. Paseó el candelabro por la casa a los gritos, llenó de humo todo y dijo que me había salvado de un incendio. ¡Loca, loca, tu tía! Muy teatrera.
—¿Y después?
—Me contó que recién los iban a atender a las dos de la tarde. “¡Hay que poner otra vela!”, le dije a tu tía. Entonces ella prendió una y me aclaró que la iba a controlar. La volvió a poner sobre la estufa, en el pasillo. Dejó las ventanas abiertas por el humo. Almorzamos juntas y, cuando vi en la tele que eran las dos de la tarde, le dije a tu tía: “¡Es la hora!”. “¿De qué?”, respondió. ¡Ay, ay, tu tía! “¡¿Para qué prendimos la vela?!”, la reté. Ahí se acordó. Comimos el postre y, cuando fue al baño, se dio cuenta de que la vela se había apagado. La prendimos a los apurones.
—¡Qué desastre, abuela! —comenté—. Al final, Luquiño y Fla se quedaron sin ayuda. ¿Sabés qué pasó con el crédito?
Achebe tomó un sorbo de Arlistán y comió una masita seca de Misia Paula. Miró un rato cómo chocaban dos autos en la tele, me comentó que pronto le darían el alta a Mirtha Legrand y después me contestó:
—Tu tía me contó que se había equivocado. ¡La semana que viene van al banco! Le mandé un mensaje a Luquiño para que me avise directo.
—¿Y la vela? —pregunté.
—Decidí prenderla recién cuando tenga el horario preciso. Es un peligro que le den un préstamo a cualquiera.

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