DEBATE | Reflexiones en torno al uso del “todes”

Escribe Arián Molina (*)

“El lenguaje inclusivo no es literatura”. Esas palabras resuenan en mi cabeza mientras escribo este texto y pienso en la naturaleza del lenguaje.
El mundo está hecho de palabras. Son ellas las que usamos para comunicarnos, para nombrar el mundo que nos rodea.
Para definirlo y definirnos. Es en esa definición donde creamos nuestros propios sentidos. Las palabras, entonces, son reflejo de la humanidad misma. Y, si hay algo en esta vida que está en constante cambio, es la humanidad.
La tarea de deconstruir el lenguaje no es algo fácil. Es un juego peligroso el de revisar los sentidos que construimos.
Implica aceptar que la realidad no es tan firme como creímos. El problema está cuando esta realidad deja afuera a muchísimas personas. Es ahí cuando se vuelve necesario cambiarla.
Cuando apareció en mi cabeza la temible pregunta: “¿Qué es ser mujer?”, el lenguaje se volvió mi enemigo. Encontré repulsión por la palabra, por todo lo que encerraba. Porque a mí me encerraba.
La terminación de los adjetivos en “a” o en “o”, dependiendo del sexo biológico de cada ser humano parecía injusta e insuficiente.
Yo tuve el privilegio de encontrar que ya existía una palabra para quién yo era.
Miles de personas lucharon antes que yo, para hacer visibles las identidades como la mía, para que un día llegara a mis oídos la palabra “todes”.
El día que abracé a la “e” fue el día en que entendí que yo no tenía que elegir.
Que no tenía que ser “él” o “ella”. Que otros mundos eran posibles, otras formas de vivir mi identidad. Me asumí entonces como elle. Y en una sola palabra, encontré mi libertad.
Se suele pensar que las personas como yo salimos de la nada. Que estamos inconformes con la vida, que ya no sabemos qué más pedir. Que somos pibes frustrados. La verdad es que siempre existimos. Las personas no binarias somos de cualquier edad, nacionalidad y color. Es muy simple: se cree que antes no existíamos porque no había palabras para nombrarnos.
Hoy llevo mi identidad como escudo y como bandera. Una parte esencial de quién yo soy, la que me permite posicionarme ante el mundo con un mensaje. Una palabra que destruye y construye a la vez, y que tambalea todo un sistema que es cada vez más obsoleto. Yo soy una persona no binaria, y escribo literatura en lenguaje inclusivo porque toda escritura es política, y este es un cambio que llegó para quedarse.

(*) Autore de “El niño del viento” y colaboradore de la sección “Esto no está chequeado”

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