Por Valentina de Andrade (ciudadana brasileña)
Buen día, Bandera Argentina.
Hoy, 20 de junio, un pueblo conmemora tu existencia. Y allá estás, solitaria, flameante, atada a un mástil o colgada en las ventanas. Te usan de todas las maneras. Cubres cuerpos durante el ardiente festejo de un evento cualquiera o sirves de fantasías improvisadas. Contigo, Bandera, limpian transpiraciones; te balancean, agitan, yerguen, bajan y hasta escupen sobre ti. ¡Y allá estás! ¡Impávida!
Durante años y años te veo expuesta a las más diversas intemperies. Aun así, no existen lluvias, vientos, granizos helados, piedras o proyectiles que consigan desestabilizarte. Lastiman parte de ti, pero derribarte definitivamente no, Bandera; nunca lo alcanzarán.
Buen día, Bandera Argentina.
Y allá estás. El tiempo, con sus inesperadas modificaciones, es responsable del palidecer de tu colorido. Pero nada cambia en tu naturaleza. Sigues siendo la misma: audaz, fuerte y valerosa.
Cuando pasan frente a ti, ni siquiera por respeto te saludan y tampoco disminuyen su marcha para admirarte. ¡Oh, Bandera Argentina! De hecho, eres ignorada por millones, porque al mirarte creen que eres tan solo parte de una tela cualquiera.
Buen día, Bandera Argentina.
Que no te importen las indiferencias y los desprecios hacia ti. Estás muy por encima de lo que puedan imaginar. Así como las banderas de otros países, tú, Bandera Argentina, representas a toda una población, que no le falta el respeto a su nación.
