Por Torosaurio | Esto No Está Chequeado | Ilustración: Digital Snatch | #FiccionesEzeicenses
El Museo de Historia Regional Tristán Suárez recibió durante 2007 la muestra Más Allá de un Imperio, dedicada a los incas. Exhibía cerámicas, ornamentos, pinturas, grabados y, vitrina mediante, una momia andina apodada Túpac. La exposición llamó la atención de Carlos Gianegra, vecino de La Unión. Especuló que si él vendía a Túpac en el mercado negro, tiraría años sin laburar. Ideó un plan y decidió ejecutarlo.
Una madrugada, agarró un poncho y un sombrero. Salió en moto hacia lo de su hermana Zulema Gianegra (maestra de plástica amateur y tarotista diplomada) y le robó un libro de magia negra. Después fue hasta el museo, se ubicó bajo una ventana y recitó un conjuro para reanimar y dominar a Túpac.
Dentro, el cadáver resucitó, corrió la vitrina, caminó hasta la ventana y se deslizó al exterior. Carlos le encajó el poncho y el sombrero y se lo llevó a lo de su tío Rodolfo en Vista Alegre. La casa de Rodolfo (quien rondaba los 90 y estaba casi ciego) era el escondite ideal para Túpac. Salía el sol cuando Carlos esquivó los perros del barrio, entró a lo de su tío y dejó al cadáver sentado a la mesa con Roberto.
—Le presento a Túpac —dijo Carlos—. Me lo trata bien.
El ladrón salió a devolver el libro de magia negra.
—Túpac —dijo Rodolfo—, ¿gusta un tinto?
—…
—Tomaré ese silencio como un “sí”.
Rodolfo indicó a la momia dónde guardaba el vino y los vasos. A la media hora, ambos ya se habían bajado una damajuana. Rodolfo pidió a Túpac que fuera hasta el almacén a una cuadra para traer más vino. Borracho y muerto, Túpac salió a los tumbos por la calle. En la esquina apareció Carlos en moto y lo atropelló. El ladrón terminó en una zanja, con tres costillas rotas, observando impotente cómo los perros del barrio se llevaban los momificados huesos desparramados.
Aún hoy, la desaparición de Túpac continúa desconcertando a las autoridades del museo de Suárez. Un misterio loquísimo, igual que el de los perros de Vista Linda, quienes construyen elaborados sistemas de agricultura y chozas de piedra con techos de paja. Algunos vecinos aseguran que los caninos andan poseídos. Otros, que desarrollan una avanzada civilización.
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