Escribe: Claudia Graciela Muscio | Museo de Historia Regional Tristán Suárez del Distrito de Ezeiza
Recorrer los caminos de la patria implica una mirada detenida y pausada de cada sitio.
El terremoto de San Juan, al que hemos aludido en la nota anterior, no fue el único, pero es el que caló más hondo en la memoria colectiva. Quizá la espectacularidad de sus características, con el derrumbe de casi toda una ciudad de construcciones asentadas en barro, la cantidad de niños huérfanos (que subían directamente al tren para bajar en Retiro con destino familiar incierto), el horario, la lluvia, la tragedia encarnada en paredes en las que las víctimas comunicaban su próximo domicilio en Buenos Aires, o el simple “Estamos bien”, “familia González”.
Al temblor, en sentido horizontal, vertical y ondulatorio, lo precede un crujido infernal, esos sonidos que se nos clavan en el alma a perpetuidad. Antes lo advierten los animales. En noviembre de 1977 fue Caucete. Allí llegó el doctor Arturo Umberto Illia (derrocado presidente de los argentinos el 28 de junio de 1966) con su humilde valija y en colectivo de línea. Rechazó un homenaje del Partido Radical para no perder tiempo, vestirse el ambo, colgarse el estetoscopio y ponerse a atender víctimas en el hospital local.
Fueron muchos también los sismos en Mendoza: el más memorable se produjo el 20 de marzo de 1861. Viernes Santo, a las 21 horas, casi toda la escasa población asistía a misa. La energía desplegada se tragó a la humilde ciudad y un alud la enterró en parte. Dramática situación.
A partir de entonces, un nuevo diseño urbanístico pretendió modificar futuros desastres naturales y cada cuatro cuadras hay una gran plaza. La principal, Independencia, posee cuatro manzanas a efectos de servir de refugio en otro evento geológico.
Educan a los niños en las escuelas con el protocolo de evacuación en caso de sismos y los procedimientos recomendables si el escenario es la vía pública.
Las construcciones son sismorresistentes: he visto rodillos que facilitan el movimiento sísmico, inevitable, pero que impiden la destrucción.
Además de las interminables anécdotas de sismos y su escenario sociohistórico, Cuyo sorprende con la profundidad ancestral de hábitos, costumbres e historia.
Desde el año 1936 se celebra la Fiesta de la Vendimia (cosecha de la uva), que se realiza entre el 15 de febrero y el 15 de abril. Recordar a Bodegas Giol, Gargantini, Arizu (Mendoza) o Grafigna, en San Juan, hoy todas reutilizadas como museos, es adherir y evocar un pasado de trabajo tenaz y constante, donde la inmigración italiana desempeñó un rol muy significativo.
La casa natal de Domingo Faustino Sarmiento nos invita a bucear en su historia familiar y su trayectoria intelectual y política, de la que oportunamente nos ocuparemos.
