LILIAN HEIDENREICH | Pasión por el teatro independiente

La actriz y directora teatral formó la Compañía Teatral Mandate de Una. Este año presentó “El patio de atrás“, de Carlos Gorostiza, y ahora está ensayando “Almas sin voces”. “El teatro, después de mis hijas, lo es todo. No puedo imaginar mi vida sin él”, señaló la vecina de Ezeiza, en diálogo con LA PALABRA. Uno de sus sueños: poder presentar sus obras en el teatro local.

Lilian Heidenreich es actriz y directora teatral. Hace un año y medio formó la Compañía Teatral Mandate de Una, que cuenta con un elenco fijo y funciona como cooperativa. Nació en Capital Federal, en el Hospital Sardá, y siempre vivió en la ciudad de JM Ezeiza. Tiene dos hijas: Karenina, de 22 años, y Giuliana, de 14. “Me considero una persona convencida de que todo lo que la hace feliz no se compra, pero sí se construye: la familia, los amigos, incluyendo a las mascotas. Soy argentina y ezeiciana hasta la muerte. Mi sueño es dejar algo de mi arte en esta ciudad que me vio crecer”, señaló. Sus primeros pasos fueron en talleres. Cursó seminarios con Esther Goris, Nacha Guevara, Luis Machín y Daniel Fanego. Estudió dramaturgia con Mauricio Kartun y Eloísa Tarruella. En el CELCIT hizo expresión corporal con Hernán Gené, y técnicas de improvisación con Osqui Guzmán. “Mis referentes en Argentina son Leonor Manso, Inés Estévez, Cecilia Roth y Rita Cortese. En Hollywood: Kate Winslet, Meryl Streep y Judi Dench. Son mujeres capaces de interpretar personajes viscerales que atraviesan al público, captando toda su atención”. Este año, Lilian presentó la obra “El patio de atrás”, de Carlos Gorostiza, que habla sobre los desaparecidos durante la última dictadura militar en Argentina, y está ensayando “Almas sin voces”, que trata sobre la salud mental y el abandono de los nosocomios y sus pacientes. Para marzo de 2026 está trabajando en un ciclo de monólogos dirigidos a la mujer, que planea estrenar el próximo 8 de marzo. Además, prepara dos comedias y un musical titulado “Románticos de ayer y de hoy”.
—¿Cómo y cuándo comenzó tu relación con el teatro?
—Mi relación con el teatro siempre estuvo presente. Desde muy chica me pasaba horas frente al espejo imitando a Raffaella Carrà y a Moria Casán. Mi sueño era ser vedette. Obviamente, en mi casa nadie me apoyaba y me veían como un bicho raro. Intenté hacer la Licenciatura en Letras, pero abandoné en tercer año por cuestiones personales. Luego comencé a incursionar en lo teatral haciendo talleres de actuación y, tras mucha disciplina y perseverancia, me convertí en actriz de teatro independiente.
—¿Recordás tu primera experiencia en el escenario?
—Fue con un monólogo. Estaba yo sola frente a una sala llena, preguntándome: “¿Qué hago acá?” (ríe). Era un monólogo de una mujer cansada del marido, a quien mantenía desde hacía más de veinte años. El público se metió tanto en la piel del personaje que llegué a escuchar sus puteadas. Fue una gran experiencia y, desde ese día, supe que esto es lo que me apasiona hacer.
—¿Preferís dirigir, escribir o actuar?
—No podría decidirme por una sola, ya que amo las tres. Actuar me gusta porque implica componer un personaje, interpretar un texto, explorar sus sentimientos, entender su historia de vida y llevar todo eso a escena. La dramaturgia es un desafío pendiente: quiero escribir una obra propia y llevarla a cabo. La dirección saca mi creatividad al máximo para ayudar a que mi elenco explote desde adentro hacia afuera y pueda componer personajes con profundidad. Como verás, en este conjunto está todo lo que amo.
—¿Qué temáticas te interesa explorar?
—Me interesa abordar situaciones de la vida real, pero no siempre desde la palabra: me gusta que el cuerpo también hable. Explorar lo físico como lenguaje escénico.
—Mayormente presentás tus obras fuera del distritro. ¿Qué obstáculos enfrentan quienes hacen teatro en la zona?
—En general, las presento en distintos teatros independientes de Capital Federal. También en la zona sur (Avellaneda, Lomas de Zamora, Monte Grande), y, en dos oportunidades, nos fuimos de gira a San Nicolás y San Pedro. Acá cuesta impulsar nuestras propuestas teatrales. Si bien en el distrito de Ezeiza hay una Secretaría de Cultura, falta mucho por hacer. Es una pena, porque el teatro es un arte que gusta a la gente. Deberían existir mecanismos para presentar las obras de grupos independientes en el teatro municipal, para que los vecinos puedan disfrutar, aunque sea una vez al mes, de diversas propuestas. Yo tuve la experiencia de presentar mi obra en el Cine Teatro Wilde, donde se pide un bono contribución muy bajo. Fue algo muy positivo. Me gustaría hacer lo mismo en Ezeiza.
—¿Qué significa el teatro para vos?
—El teatro, después de mis hijas, lo es todo. No puedo imaginar mi vida sin él. Me mantiene viva, me apasiona, me hace sentir que todo está bien, aunque muchas veces implique perder tiempo o dinero. La frustración es solo un suspiro: pensar en el escenario y en el público es más fuerte que cualquier mal trago. No importa si actuás en la calle Corrientes o en un merendero: lo que importa es actuar. Así se siente el teatro para mí.

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