Testimonio de Luis Alejandro León Palma, exconcejal(*) | Especial para LA PALABRA
Era cerca del mediodía cuando recibimos la noticia, aquel 20 de octubre de 1994. No era un día cualquiera. Yo, en ese entonces, era concejal de Unidad Comunal (un partido político vecinal), y ese jueves estábamos trabajando, como de costumbre, en el Concejo Deliberante de Esteban Echeverría, con otros integrantes del bloque, arriba de los bomberos de Echeverría, sobre la calle Vicente López en Monte Grande.
Qué alegría sentimos cuando nos enteramos de que las dos cámaras, en el mismo día, habían aprobado el proyecto de división del distrito echeverriano y la creación del nuevo distrito de Ezeiza, que luego se transformaría en la Ley 11.550. El primer abrazo fue con Jorge Bosque, que en ese tiempo era asesor de mi bloque. Él había presentado el primer proyecto de división a principios del año 1988, cuando era concejal, a propuesta de una inquietud mía (en ese tiempo yo era asesor de él). Le comenté que en la zona sur —así se le decía a las localidades más alejadas del otro lado de la Newbery— se habían realizado dos reuniones de vecinos, una en Tristán Suárez y otra en Ezeiza, para tratar la independencia de esas localidades del resto del distrito y para lo cual se formaron dos comisiones.
Inmediatamente, Jorge tomó la máquina de inscribir (en ese tiempo no había computadora; la primera que existió en el HCD de Echeverría la llevamos con mi bloque en diciembre de 1991; luego fue donada al Museo Regional Tristán Suárez) y se puso a redactar un proyecto de resolución pidiendo a la provincia que dividiera el entonces municipio de Echeverría en tres municipios: Esteban Echeverría, Ezeiza y Tristán Suárez. Gesto que le valió una nota en el diario Clarín (suplemento zonal de esos tiempos), en la que representaban a Jorge con una cómica caricatura cortando con un serrucho el distrito en tres partes. Bosque, aparte de ser una persona excelente, tenía mucha visión y de esa forma cumplía con los deseos de las dos comisiones de vecinos que se habían formado apenas unos días antes.
Cuánto trabajamos en esas comisiones junto a tantos vecinos, para lograr lo que ese día era una realidad. Por fin se iba a dar la independencia y terminar con el abandono al que la administración central sometía a las localidades más alejadas.
Ese día pasaron por mi mente cada instante de lucha. Recordé cuando, en 1987, el entonces querido Padre Natta, director del semanario La Voz de mi Parroquia, enterado de que en Ezeiza se iba a realizar una reunión con los vecinos por la autonomía, nos convocó una semana antes en el Club Tamberos Unidos para debatir sobre la independencia de Spegazzini, Suárez y parte de La Unión, de Monte Grande. Con un nutrido grupo de vecinos se formó la Comisión Pro Autonomía de la Zona Sur, presidida por Víctor Dorosz, un viejo vecino de Suárez. En mi caso, me tocó ser secretario de educación en esa comisión, aprovechando mi trayectoria docente.
Los vecinos de Ezeiza se reunieron una semana después y formaron la Comisión Pro Autonomía Municipal de Ezeiza y Zonas de Influencia, que luchó a brazo partido para lograr la división del distrito, presidida primero por Daniel Tejada y, a partir de marzo del año siguiente, por Gustavo Vega. Precisamente con él me encontré ese día, cuando bajaba por las escaleras del HCD y le comuniqué la noticia. En un fuerte abrazo nos comprometimos a trabajar juntos para formar, en el nuevo distrito, el partido vecinal. Gustavo, aparte de ser un gran amigo, era concejal de Unidad Comunal como yo, y habíamos trabajado mucho para lograr la ley. Aunque no nos pusimos de acuerdo en los límites y la cabecera del partido, mantuvimos cada uno el mandato de las comisiones que representábamos.
Ese día, mientras disfrutábamos la noticia, mi cabeza no dejaba de recordar, por ejemplo, las reuniones de las comisiones del HCD con los vecinos de todas las localidades que se querían independizar. Esas propuestas quedaron plasmadas en los cuadernos de comisión. Gente de Spegazzini y de La Unión que querían su independencia con proyectos distintos a los que existían, pero también vecinos de Guillón y Monte Grande que se oponían a ello.
Hubo cuatro decisiones importantes que la legislatura necesitaba para dar curso al pedido de autonomía, en el marco del proyecto Génesis 2000 que impulsaba el gobernador Duhalde: definir la división, los límites, el nombre y la cabecera. Para ello se hicieron dos sesiones especiales; solo la división de Echeverría para la creación de un nuevo municipio y el nombre de “Ezeiza” salió por unanimidad; el resto, por mayoría.

Cuánta emoción sentimos los concejales de todos los bloques la tarde del jueves 28 de octubre de 1993, cuando nos convocaron para tratar el proyecto de resolución en el cual se solicitaba al Poder Ejecutivo Provincial y a la legislatura dos puntos: el primero, la creación de dos distritos dentro de los límites del entonces Municipio de Esteban Echeverría —en este tema todos estuvimos de acuerdo—; y el segundo, cuáles serían los límites definitivos. En este punto fue muy controvertido y se aprobó por mayoría, ya que los concejales Vega y Filloy no lo apoyaron porque mantenían su postura original de que debían llegar hasta el arroyo Ortega, incluyendo la localidad de El Jagüel, como era el mandato de la comisión que representaban.
Acá es importante destacar la mezquindad de los concejales de la mayoría, porque nos cedían el Aeropuerto Internacional —en esos tiempos nunca habían aportado las tasas municipales y no era un centro importante de ingresos— y se quedaban con todos los barrios cerrados de Canning, que eran verdaderas fábricas sin humo, dejándonos del otro lado de la ruta 58 campos ociosos. ¿Cómo cambió todo, no? Más de 250 empresas del aeropuerto tributando en el municipio desde mi gestión como Secretario de Ingresos, y Canning, la zona más pujante, llena de centros comerciales, industriales, shoppings, barrios cerrados y rutas.
También fue emocionante la segunda sesión del jueves 25 de noviembre del mismo año, donde se trató ni más ni menos que el nombre del futuro distrito y en qué localidad iba a funcionar la cabecera. Mucha tensión hubo en esa casi tarde, porque si bien el nombre fue aprobado por unanimidad, ya que Ezeiza era conocido mundialmente por el aeropuerto y pensábamos que eso era un plus para el futuro municipio, cuando se trató cuál iba a ser la cabecera, yo me opuse y presenté mi propio proyecto, tomando como cabecera el centro geográfico del nuevo distrito, en La Unión, y creando nuevas localidades. Se pasó a un cuarto intermedio y todos los concejales presionaban para que cediera. Fui al bloque, hice un llamado a mi amigo Jorge Bosque y él me dijo: “Dale, para adelante, Luis”. Sin embargo, a pesar de que los propios vecinos de la zona sur me pedían que cediera, entre ellos Víctor Dorosz, volví a mi banca y voté mi proyecto, saliendo el tema de la cabecera por mayoría. Esta actitud tuvo su reconocimiento una semana después en el semanario La Voz de mi Parroquia, titulado “Yo fui testigo”, firmado por Víctor.
Mi idea era que no se repitiera el esquema de Echeverría de “tener la cabeza al costado”. Pasaron 31 años y no me equivoqué, aunque el municipio ha crecido y desarrollado en forma exponencial gracias al aporte de los vecinos y la administración de los intendentes Granados. La zona de Canning y Ezeiza tiene un verdadero plus de desarrollo.
Hoy han pasado 31 años de ese luminoso día y, si bien la división se dio más por un tema político —la zona sur se quedaba sin representantes en el HCD, siendo que era la zona que aportaba más votantes peronistas— que por un reclamo vecinal, valió la pena. Pasamos a ser del “patio de atrás” de Esteban Echeverría —donde sus autoridades solo invertían el 26% del presupuesto en casi dos tercios del territorio municipal— a ser un municipio potente, en permanente crecimiento, con capacidad económica, con servicios únicos y con una gente hermosa.
Ese día que se aprobó la ley, aparte de la emoción, todo era una gran duda, un gran desafío. Hoy es una realidad que va transformando al viejo municipio en el mejor del conurbano. No nos equivocamos: todo iba a ser mejor.
Seguramente, en los próximos 30 años, nuestros nietos estarán trabajando para la creación de nuevos municipios y se estarán escribiendo estas líneas desde otro lugar, por ejemplo, desde el municipio de Tristán Suárez.
Feliz cumpleaños para todos los vecinos de Ezeiza.
(*)Luis Plama fue concejal de Ezeiza por Unidad Comunal (entre 1995 y 1999) y luego Secretario de Ingresos Municipales y Juez de Faltas del nuevo
distrito de Ezeiza.







