Escribe: Dra. Alejandra Cristina Romano
Hoy, 12 de junio, las efemérides nos recuerdan que la OIT estableció esta fecha como el Día Mundial contra el Trabajo Infantil. Esto me trae a la memoria una declaración del diputado Alberto Benegas Lynch, quien expresó oportunamente: “Libertad es que, si no querés mandar a tu hijo al colegio porque lo necesitás en el taller, puedas hacerlo”. También calificó al Ministerio de Educación como un “comité de burócratas”. Las autodenominadas “personas de bien” se escandalizaron ante tales manifestaciones, pero lo cierto es que ya está tan naturalizado que en 2025 se aceptará una reducción del gasto nacional en educación: del 0,91% al 0,88% del PBI. Entre 2023 y 2024, esa caída ya fue del 1,48% al 0,91%, muy por debajo del 6% establecido por la Ley de Educación de 2006. En la asignación presupuestaria se eliminó el incentivo docente en los sueldos y, en cambio, se destinaron fondos para subvencionar a niños que asisten a escuelas privadas. El mercado en su máximo esplendor. No hay estadísticas oficiales recientes sobre explotación infantil en la Argentina, pero ninguno de nosotros se sorprende al ver chicos limpiando parabrisas o vendiendo en la calle por las noches. Todos los vemos. Incluso les hemos dedicado tangos, como Chiquilín de Bachín… La explotación romantizada. Hoy los invito a reflexionar: ¿qué nos lleva a aceptar esta realidad y, luego, pedir que encierren a un niño de 13 años, cuando nosotros mismos los empujamos al delito con nuestra indiferencia?
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