EN PRIMERA PERSONA | La lucha por una escuela desde un proyecto colectivo

Discurso de Sebastián Sainz, director de la Escuela de Educación Secundaria N° 16, durante la inauguración del establecimiento ubicado en Moreno y El Canario, en Tristán Suárez.

Cuando tomé mis primeras horas, la escuela solo tenía dos secciones en tercer ciclo. Así también era el barrio: cuatro casas por manzana, y yo era un joven de 20 años recién cumplidos, con toda mi carrera docente por delante: mi carrera, el barrio Vista Alegre y la escuela 16 crecieron juntas.
La escuela creció, el barrio aumentó más de diez cuadras. Hoy, próximo a jubilarme, tengo el orgullo de haber desarrollado la totalidad de mi carrera en la escuela que amo, en el barrio que me adoptó, con el personal que siempre me bancó y padres actuales que años atrás fueron mis alumnos y vuelven a elegir ser parte de esta comunidad.
La escuela 16 es especial. Hablo de una escuela con un plantel docente comprometido con la educación, solidario con su comunidad, que se preocupa por lo pedagógico y por lo social. Son docentes con sentido de pertenencia, quienes enseñan desde el amor sabiendo que somos parte de la misma sociedad.
Algo que caracteriza a nuestra escuela es que siempre tuvo una mirada social, empática, teniendo como piedra angular el “nadie se salva solo”. Quien trabaja en la 16 asume que no nos puede resultar indiferente la necesidad del otro… esta sensibilidad fue clave en momentos de crisis, como en el 2001; también en el 2020, durante la pandemia. Hoy nos toca (nuevamente) ser sostén de nuestra comunidad, en un nuevo momento de necesidad de las familias; y así como antes, el personal está a la altura de las circunstancias, con ese gesto humano que siempre fue reconocido por la comunidad, al ver en la escuela un lugar de pertenencia y respuesta.
Una escuela que en el 97 empezó con sesenta y cinco alumnos; actualmente cuenta con una matrícula de 1430 alumnos. Con la intención de cubrir esa demanda como se podía, se crearon 19 secciones en el turno vespertino (que, si bien no es lo ideal). El compromiso tanto de los docentes como de las familias permitió que, pese al turno, la matrícula crezca y se sostenga, asegurando el aprendizaje de los alumnos, y ya cuenta con catorce cohortes de egresados. Una escuela que creció a la par que su comunidad.
El trabajo fue duro, pero como dice la canción de los Redondos: “Cuando la noche es más oscura, se viene el día en tu corazón”. Demostramos que cuando hay compromiso y dedicación, las cosas funcionan y nuestro turno vespertino es un ejemplo de asistencia, de valores, de aprendizaje y de entusiasmo que nos llena de orgullo.
A pesar de todo ese esfuerzo, era una realidad que el edificio escolar no acompañaba y era una demanda de la comunidad la creación de nuestra nueva casa, nuestro lugar definitivo, donde sentirnos propios y donde proyectar mejor nuestros sueños, los de toda la comunidad de la 16.
Ese anhelo comenzó un día en el que nos encontramos, junto con nuestra exdirectora Cristina Palomero, con un intendente como Gastón Granados, quien se maneja con una gran cercanía hacia los vecinos, siempre dispuesto a escuchar y encauzar todas las demandas. Ese día recibimos una respuesta alentadora: “Vamos a hacer las gestiones para que tengan un edificio nuevo, como se merecen”, y se encendió una llamita de esperanza.
Al tiempo de aquella reunión, vimos un cartel que decía: “aquí se construirá el nuevo edificio de la EES 16”, y pudimos ver cómo empezaban a trabajar máquinas y personas, lo que fue una caricia al alma. Era emocionante ver cómo avanzaba: bases, columnas, paredes y vigas. Ese sueño de nuestro edificio propio comenzaba a materializarse…
Con esa ilusión intacta, y que se alimentaba al ver los avances, llegamos hasta el año 2023. Allí empezamos a escuchar, cada vez más, discursos individualistas, egoístas y mezquinos. Se dejó de hablar de derechos y se empezó a despreciar la educación y a denostar toda política pública.
Teniendo en cuenta los tiempos que vendrían, nosotros no nos quedamos quietos y armamos, en la esquina de este edificio en obra, un punto de encuentro con nuestra comunidad. Los sábados y domingos hablábamos con la gente sobre lo que podía pasar si esos vientos oscuros llegaban a destino. Ahí estábamos, como dice la canción de Serú Girán, “encendiendo los candiles…”.
Tal como imaginamos, esos discursos prosperaron y la obra se frenó, ante el abandono del gobierno nacional, que no demuestra interés en un futuro colectivo y, tal como decía antes, desprecia la educación pública. Fue doloroso ver nuestro sueño trunco y daba impotencia sentir que, después de estar tan cerca, todo parecía perdido.
Esto hubiera sido así de no ser porque desde el gobierno provincial existen otros valores y prioridades: creen en la educación como derecho y gestionan en consecuencia, demostrando que hay otro camino y otra forma de construir este país, una más humana, más empática. Ahí donde hubo abandono llegó el compromiso. La obra se reanudó, dando como resultado este hermoso edificio que hoy tenemos la felicidad de inaugurar. Un edificio amplio, luminoso, con baños espléndidos, con materiales de primera, diseño de primera; y si bien el eufemismo “la escuelita del fondo” nos acompañó desde los inicios, a partir de hoy somos, con letras mayúsculas: “la Escuela de Educación Secundaria N° 16 de Vista Alegre”.
Ahora sí, en nombre de toda la comunidad: gracias, Gastón; gracias, Axel. Estamos viviendo un sueño, nuestro sueño. Gracias a su compromiso: los pibes de Vista Alegre, los de la 16, van a tener un mejor futuro.

hdr
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