Leer sin receta médica

Por Marco Millán(*) | Esto No Está Chequeado | Ilustración: Digital Snatch | #FiccionesEzeicenses

Once de la mañana en la rampa del teatro municipal. Julio es el primero en arribar. Un suave vapor se dibuja en su cara al respirar. Valentín y Theo llegan juntos, hablando por lo bajo.
—¿Qué onda? ¿Hace mucho que llegaste? —pregunta Theo, guardando sus auriculares en el morral.
—Unos quince minutos —responde Julio—. Estoy revisando la lista.
—Bueno, vamos antes de que suban los precios —dice Valentín, sonriendo exageradamente.
Los tres se han reincorporado al Taller de Escritura y Literatura Municipal y se enteraron de que el profesor ahora toma exámenes difíciles. Para estas fechas, ofrece una lista de cinco escritores locales (amigos de la biblioteca del taller), e indica que deben leer, al menos, un libro de cada uno de ellos. Voces actuales y vecinales registradas en prosa literaria con sus matices socioculturales se llama el apéndice del nuevo módulo por el cual se rige el taller.
Cruzan la calle. Entran en la Farmacia Punto de Salud, ubicada en Avellaneda 74. No tardan mucho en salir y dirigirse a la comodidad del anfiteatro. El sol empieza a calentar el ambiente. Se sientan; llevan dos bolsas blancas con cajitas de diferentes tamaños y las estudian minuciosamente.
—Yo tengo El vuelo del gorrión, de Cintia Delgado —comenta Theo, sacando la caja más grande de todas, con sesenta pastillas—. Efectos secundarios: pérdida de memoria y heredar una fortuna.
—Interesante —le responde Julio, mientras inspecciona la única cajita completamente negra del montón—. Antes de la oscuridad, de Max Ribeiro. Efectos adversos posibles: insomnio y éxito al escribir guiones de televisión.
—Miren, acá hay hongos fluorescentes —dice Valentín, muy emocionado—. Darken, bajo sombras y cenizas, de Noelia Salcedo. Parece que te ayuda a controlar la ansiedad cuando no hay luz.
Theo saca otra caja, celeste y delgada. Sonríe y comenta:
—Bancá. Yo quiero empezar con El pis necesita marketing, de Lucas Barreña. Efecto secundario: ir al baño con mayor frecuencia y sobrepensar con voz mental cada cosa minúscula que hacemos, riéndonos de ello.
Julio saca el equipo de mate, mientras Valentín extrae de la bolsa blanca la última cajita.
El secreto de Aramí, de Miguel Eduardo Salvatierra. Efectos: tener una conexión mística con personas del pasado, posible delirio y coimetrofobia.
Risas de por medio, comienzan a compartir historias. Tienen todo lo necesario: mates, un sol suave y la certeza de que, no importa cómo, leer es genial.

(*)Coordinador del Taller de Escritura y Literatura de la Municipalidad de Ezeiza.

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