LUIS PALMA | “Con esfuerzo, ideas y el aporte de los vecinos, hoy somos un municipio potente”

SECCIÓN MEMORIOSOS. Habiéndose iniciado en la política en 1981, el exconcejal y exfuncionario municipal repasa hitos históricos del nacimiento del distrito en 1994 y de la puesta en marcha de la comuna desde 1995. “Necesitamos que la mayoría de los hombres y mujeres de bien participen en la política local”, destacó el dirigente, que está preparando un libro sobre la historia local.

Luis Palma es un dirigente que participó activamente en el nacimiento de Ezeiza. Su primera tarea dentro del flamante partido fue desempeñarse como concejal de la oposición desde 1995 y durante cuatro años. Luego asumió el desafío de poner en marcha la Secretaría de Ingresos Municipales en plena crisis de 2001; y más tarde, en 2011, se hizo cargo del Juzgado de Faltas. Paralelamente, se dedicó a la pintura, la artesanía, el canto y la escritura. Palma conoce como pocos los detalles del proceso que llevó a la creación del municipio y las transformaciones que Ezeiza vivió en tres décadas. En una entrevista con LA PALABRA, reflexiona sobre el pasado, el presente y el futuro del distrito.
—¿Cómo fue tu llegada a la política local y qué te motivó a involucrarte en la vida pública de Ezeiza?
—Me inicié en la política local en el año 1981, casi por casualidad. Me invitaron a una reunión en Monte Grande para organizar el Partido Demócrata Cristiano, en el cual militaba mi viejo en los años setenta, y desde ahí no paré más. En esos tiempos gobernaba la dictadura y no era nada fácil militar en política; nos teníamos que reunir a escondidas. Participé en la creación de la Multipartidaria, con la cual, luego de Malvinas, logramos la salida democrática de 1983. Con el tiempo formé una línea interna dentro de la DC llamada “Reafirmación Doctrinaria”, con ella llegué a ser presidente en el ámbito local. Mi trabajo en esos tiempos, aparte de la docencia, estaba muy acentuado en la comunidad parroquial de Tristán Suárez, junto al querido padre Natta, y la actividad en distintas instituciones fue siempre una constante en mi vida. Fui, entre otras cosas, el primer cadete de bombero a los 16 años en el cuartel de Suárez, donde hoy estoy como secretario en la comisión directiva. La vida dedicada a la comunidad me la inculcaron mis mayores desde muy chico. En el año 1987 fui asesor de bloque del exconcejal Jorge Bosque. Él fue mi gran maestro en la política y un mejor amigo. En el mismo año, junto con él y otros vecinos, formamos una agrupación vecinal llamada Unidad Comunal, con la cual tuve el privilegio de ser elegido concejal desde 1991 a 1995.
—¿Qué recordás de los días previos a la creación del Municipio de Ezeiza, fundado por ley el 20 de octubre de 1994?
—Muchas cosas lindas. En mi caso particular, a fines del año 1987 formé parte de la comisión Pro Autonomía de la Zona Sur, junto a un grupo de vecinos convocados por el padre Natta en el club Tamberos Unidos de Tristán Suárez. Ahí empezó un gran trabajo para lograr la autonomía, que se concretó siete años después por la ley 11.550. Simultáneamente en Ezeiza se creaba la comisión Pro Autonomía de Ezeiza, con la misma intención de separarse de Esteban Echeverría. En esa comisión estaba Gustavo Vega, que fue luego mi compañero de bancada de Unidad Comunal en el HCD de Echeverría; eso hizo que nuestro bloque tuviera dos pilares en la lucha por la autonomía de Ezeiza. Una particularidad de nuestro trabajo en esa conquista fue que el primer proyecto de autonomía presentado en el HCD de Echeverría fue realizado por el concejal Jorge Bosque en el año 1988. En ese proyecto, Bosque proponía la división de Echeverría en tres partes. Esto es poco conocido, pero salió publicado en el suplemento zonal del diario Clarín de los días jueves y está dentro de la documentación que le regalé al museo de Tristán Suárez en el año 1995 sobre los pasos de la división. En la nota hay una caricatura de Jorge Bosque con un serrucho cortando el distrito en tres.
—¿Cómo viviste el proceso de separación de Esteban Echeverría y la creación del nuevo distrito?
—Fue muy interesante y poco se cuenta sobre su real desarrollo. La necesidad de sintetizar por parte de las historiadores hace que muchos detalles importantes no sean conocidos por los vecinos. En el proceso de división hubo varios proyectos presentados desde las distintas localidades. Entre ellos hubo uno presentado por el exintendente Blanco que dividía el distrito en tres, como pedíamos nosotros. Finalmente, se tomó un proyecto formulado por el concejal Oscar Lino Ávila en el año 1991, con el cual le pedíamos a la provincia que incorpore a Esteban Echeverría en el proyecto Génesis 2000, impulsado por Duhalde, que contemplaba la división de varios municipios del conurbano. Dos curiosidades en el tratamiento de los proyectos de división a nivel local: la primera ordenanza que marcaba los límites del nuevo distrito no fue aprobada por unanimidad, ya que Gustavo Vega y algún otro representante de la comisión por la autonomía de Ezeiza no compartían el límite estipulado sobre la ruta 52, sino que lo extendían hasta el arroyo Ortega de El Jagüel. Y la segunda ordenanza, que definía el nombre y la cabecera, también salió por mayoría, ya que yo presenté mi propio proyecto con un nuevo diseño y la cabecera en La Unión, como centro geográfico del distrito. La finalidad era que no se repitiera la deformación de Echeverría de tener el desarrollo solo en la parte norte del distrito. Hoy, después de 30 años, se da el mismo fenómeno con el desarrollo extraordinario de Ezeiza y Canning. Más allá de todas las voluntades expresadas durante años por los vecinos para emanciparse, sostengo que la razón de mayor peso para hacer la división fue la política. Si analizamos las elecciones legislativas del año 1993, en Echeverría había entrado al HCD un solo representante de la zona sur, el concejal San Martín, y precisamente la mayoría de los votos peronistas provenían de las localidades más alejadas de Monte Grande, las cuales año a año iban perdiendo representación en el HCD.
—¿Qué nombres y figuras destacarías como claves en la fundación de Ezeiza?
—Hubo muchos vecinos, pero para destacar algunos diría en primer lugar al padre Eliseo Natta, Gustavo Vega, el Dr. Luciano Penzo, Alejandro Granados, Jorge Bosque y la Dra. Claudia Muscio.
—Durante la puesta en marcha del municipio te tocó ser concejal por la oposición. ¿Cómo recordás esos años? ¿Cuáles fueron tus principales logros en ese rol?
—En el año 1994 formamos en el distrito, junto a un grupo de vecinos, un partido vecinal denominado UNICO (Unidad Comunal de Ezeiza), donde tuve el honor de ser concejal junto al querido Rogelio Prado Blanco, en la fórmula electoral que compartí con Ramón Montoliu, importante y querido vecino de Ezeiza. Durante esos cuatro años (1995-1999), presentamos más de 700 proyectos sumados a los 500 de Esteban Echeverría. Fuimos el bloque de mayor gestión en esos tiempos; muchos de los proyectos se transformaron en ordenanzas que nos acompañan hasta estos días, otros se fueron cumpliendo con el paso del tiempo. Fueron años de mucho esfuerzo para consolidar al nuevo municipio. Fuimos los oídos que escuchaban los reclamos de la gente y la boca que defendía sus intereses y los transformaba en propuestas. Nosotros nunca nos consideramos oposición, sino gobierno en minoría; nadie te vota para ser oposición. Acompañábamos los proyectos que beneficiaban a la gente y nos oponíamos a aquellos que creíamos menos convenientes. Con nuestro aporte, ayudamos al intendente Granados a hacer grande a Ezeiza.

PALMA Y LA CRISIS DEL 2001 | El desafío de la recaudación

—En plena crisis de 2001 te hiciste cargo de la Secretaría de Ingresos Municipales. ¿Cómo se dio ese nombramiento? ¿Cómo viviste esa etapa?
—A principios del año 2001 el entonces intendente Granados me propuso que lo ayudara en el tema de recaudación, un noble gesto de su parte ya que habíamos competido en el año 1999 ambos como candidatos a intendente municipal. Tomé el desafío con mucha responsabilidad junto a Stella Maris Heredia, mi gran compañera de ruta, que luego fuera subsecretaria. Armábamos un buen equipo: yo ponía las ideas y ella las llevaba adelante con un grupo maravilloso de gente, de los cuales la mayoría pertenecía a los Planes Trabajar. Fueron tiempos difíciles: no había recaudación y sí mucha pobreza; el 85 % no pagaba sus impuestos y los municipios no estaban preparados para los desafíos tributarios. Tomé una serie de medidas, apoyadas totalmente por el intendente, que nos llevaron al éxito en poco tiempo. A propuesta mía creamos la Secretaría de Ingresos Municipales, independiente de la Secretaría de Hacienda; consideraba que la recaudación es técnica y el gasto es político, y ambos no pueden convivir en la misma cabeza. Hicimos una regulación tributaria bajo la denominación de “Presentación Espontánea”, con amplias cuotas para los deudores y beneficios para los buenos pagadores. Incorporamos 250 empresas del aeropuerto que no tributaban, creamos la tasa social, creamos el correo propio, regularizamos los barrios cerrados e impulsamos la radicación de empresas. Atendimos los tres tipos de contribuyentes: “los que quieren pagar y pueden, los que quieren pagar y no pueden, y los que pueden pagar y no quieren”. Los vecinos encontraron una verdadera comunicación tributaria. Sentamos las bases tributarias de Ezeiza para que hoy pueda recaudar en forma más sustentable. Pasamos de un presupuesto anual de 20.000.000 de dólares a uno de 75.000.000 de dólares, y aumentamos los ingresos propios del municipio de 7.000.000 de dólares a 25.000.000 de dólares en la recaudación. Construimos el cementerio municipal, el edificio municipal, el hospital de La Unión, adquirimos casi 400 vehículos y armamos en el año 2002 el sistema de seguridad Tolerancia Cero. En el año 2010 Stella falleció en un accidente automovilístico y pasé a ser secretario Legal y Técnico.
—Después ocupaste el cargo de juez de Faltas. ¿Qué tipos de casos eran los más frecuentes por entonces? ¿Qué te dejó esa experiencia?
—En el año 2011 el intendente Granados me propuso un nuevo desafío: hacerme cargo del Juzgado de Faltas. Hacía poco tiempo me había recibido como abogado y acepté la propuesta. Hasta ese año la justicia de faltas se limitaba a las infracciones en comercios, construcciones y tránsito manuales. Si bien no era un área de recaudación, los ingresos no superaban los 300.000 dólares por año, la atención era muy precaria y los recursos técnicos también. Pusimos manos a la obra y lo tomé como un “mandato de Stella” para evitar que en el futuro haya más accidentes. Fundamenté mi tarea en tres pilares: reflexionar con el infractor sobre la infracción cometida, hacer docencia para evitar nuevos incidentes y crear un puente para que pueda resolver la pena impuesta, siempre en el marco del debido proceso y el principio de “beneficio al administrado”. Fue así que en el año 2012 modifiqué la ordenanza de faltas para que los recursos quedaran en el municipio. En el año 2013 se incorporaron las fotomultas; en el año 2014 se aprobó la ordenanza de motos de mi autoría; en 2015 firmamos convenio con el SUGIT, un proyecto que hacía 10 años no se implementaba; en 2016 creamos un sistema de notificaciones múltiples por carpeta, logrando un gran ahorro de envíos por correo; en 2017 perfeccionamos todos los pasos del proceso en el sistema INFRATRACK; en 2018 incorporamos un sistema novedoso de apremios, y se creó el Juzgado N° 2 con todo nuestro apoyo. Todas estas incorporaciones hicieron que, en la actualidad, la recaudación anual esté en el orden de los seis millones de dólares. Durante trece años como juez de faltas pude ayudar a mucha gente, hasta que, en abril del año pasado, en forma intempestiva, el intendente determinó el cierre del Juzgado N° 1. No fue casualidad: mi último día como juez fue el 27 de marzo de 2024, justo cuando se cumplían 14 años del accidente que tuvimos con Stella, como si me dijera “hasta acá, Luis, ya está”. Fue una experiencia maravillosa en donde el factor común fue crear un hermoso grupo de trabajo y ayudar a la gente más allá de la función, logrando verdaderos vínculos de afecto.
—¿Qué sentís hoy al ver el crecimiento del municipio en relación con sus inicios?
—Un gran orgullo, porque hace treinta años la gente de Echeverría fue muy mezquina. Nos dio un territorio extenso, dos tercios del total, pero pobre en capacidad tributaria, donde no habían hecho obras. Se quedaron con dos tercios de la población, con el sector más potable económicamente, nos dieron el aeropuerto que no aportaba un peso (no sabían que yo iba a ser secretario de Ingresos y el aeropuerto iba a pasar a ser el centro tributario más importante de Ezeiza) y se quedaron con los barrios cerrados ubicados en Canning. Hoy somos un municipio con mucha capacidad económica y las buenas políticas llevadas adelante por las administraciones Granados nos llevaron a estar hoy entre los municipios más prósperos del conurbano.
—¿Hay alguna anécdota que te haya marcado durante tu paso por la gestión pública?
—Muchas, pero rescato una fundamentalmente: cuando uno quiere, puede cambiar las cosas. Hoy Ezeiza es una realidad impensada; en el momento de su creación era imposible su sustentabilidad. Sin embargo, con esfuerzo, ideas y, fundamentalmente, el aporte de los vecinos, hoy somos un municipio potente. Siempre es posible cambiar la realidad y mejorarla.
—¿Qué cosas creés que se hicieron bien en estos primeros años y cuáles quedaron pendientes?
—Ezeiza es un municipio que recibió dos vehículos viejos y hoy tiene una flota increíble de vehículos de todo tipo. Tiene un sistema de seguridad envidiado por muchos, tiene sistema propio de recolección de residuos, que es un verdadero problema para los municipios que lo tienen privatizado. Ha repartido en todas las localidades progreso, ha apoyado la construcción y desarrollo de las escuelas, etcétera. Y sin duda quedan cosas por hacer en la parte de servicios y mantenimiento, pero no han sido tiempos fáciles en el país, con una economía tan oscilante.
—¿Seguís en contacto con la política local? ¿Cómo ves la actualidad de Ezeiza?
—Siempre uno está en contacto con la política local. Si bien la función te quita esfuerzo en lo partidario, para mí la política vecinal me dio la posibilidad de hacer cosas por los vecinos, que son los que ponen la plata todos los meses para que el municipio funcione. Hoy tengo una tarea como asesor general de Políticas Municipales, llevándole al intendente propuestas que acerquen más el municipio a los vecinos. Mientras encuentre la veta de ser útil a los vecinos en la función, lo haré; si no, volveré a la arena política para seguir generando cambios.
—¿Qué consejos les darías a quienes hoy (jóvenes o no tanto) quieren involucrarse en la política local?
—Que se involucren y participen en los partidos políticos, que son, según la Constitución Nacional, la única institución que puede promover un gobernante, que es quien te va a regular la vida en los próximos años. Sin embargo, a nivel comunidad los partidos políticos son mal vistos. Si los honestos, los capaces, los trabajadores no se involucran, las cosas no van a cambiar y le estaremos dando ese espacio a personas que no están preparadas o tienen otras intenciones. Necesitamos que la mayoría de los hombres y mujeres de bien, de cualquier edad, participen en la política local.
—Aparte de tu paso por la política, también te dedicaste a la escritura. ¿Qué te motivó a volcar tus reflexiones en libros? ¿Recibiste devoluciones que te hayan sorprendido? ¿Tenés algún proyecto en marcha?
—El arte ha sido una característica en mi vida: la pintura, la artesanía, el canto y la escritura, todas han nacido en forma espontánea. Mi motivación para escribir surge de una necesidad de transmitir mis experiencias de vida a otros. Todos tenemos cosas que le pueden servir al otro para saber, por lo menos, que no está solo en su cuita. Mi segundo libro, El macramé de León, es un verdadero éxito, con muchas devoluciones. He vendido más de 800 ejemplares y lo recaudado fue dado a los comedores en alimentos. Creo que escribir es un don y, por eso, debo multiplicarlo compartiéndolo con todos. En este momento tengo dos libros empezados: La verdadera historia de Ezeiza, que cuenta una visión muy particular de cómo se dio la división, con documentación respaldatoria; y la otra es una novela romántica que se va a titular El último primer día.

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