Escribe: Dra. Cristina Alejandra Romano | Especial para LA PALABRA
El 12 de agosto es llamado el Día de la Reconquista, debido al episodio de nuestra historia, allá por 1807, cuando nuestros antepasados volvieron a tomar el dominio de Buenos Aires, que estaba en manos de los ingleses.
Ironía o no de los cambios generacionales, la llamada grieta de nuestra sociedad se debate, entre otras cosas, por la necesidad de reconquistar derechos perdidos. Una parte de nosotros, despreocupada de las consecuencias inmediatas y mediatas de su accionar, apoya la pérdida de derechos y la venta indiscriminada de bienes, en contraprestación por un ilusorio dólar barato, similar al de los años 75 o 90, autoengañándose con que con ello estará inserta en el primer mundo, sin tomar en cuenta los riesgos y los costos actuales y futuros de tal accionar. Otro grupo, con una reflexión a mediano y largo plazo y analizando lo sucedido luego de cada lapso de ilusorio “dólar barato” por el que transitamos, trata de reconquistar los derechos que el otro grupo cede: los laborales, los vinculados con el cuidado de los niños y ancianos, los de las personas con discapacidad y los relacionados con los recursos naturales, como el agua y el aire sin polución.
La transversalidad de los grupos antagónicos se desdibuja y diluye en enfrentamientos colaterales, en redes, en discursos provocativos, en la corrupción de funcionarios particulares, en discutir por el bache de la esquina en lugar de ver la red de rutas del país destrozada: un gigantesco árbol construido para que no veamos el bosque.
En 1807 fue mucho más sencillo: los rubios vestidos con uniformes rojos eran los que sabíamos que venían a oprimirnos, aunque igualmente más de un comerciante los recibió con recepciones opulentas, pensando en la inmediatez de su bolsillo; la gran mayoría se organizó para reconquistar el control de la Reina del Plata. Es bueno recordar que quien gobernaba en ese entonces no tuvo la menor duda y, apenas enterado, huyó… pero sin olvidarse de los caudales estatales en su mochila de viaje. Pareciera que, a más de 220 años, algunas similitudes podemos encontrar en las acciones actuales…
Pareciera que una porción mayoritaria de nuestra sociedad ha ingresado en el País del No Me Acuerdo y, al dar tres pasitos, se pierde en eslóganes de una sociedad fundante sin pasado, como si nada de lo vivido en estos 200 años hubiera existido en realidad.
Sin querer ser pesimista, pero dado el estado de situación, este próximo 12 de agosto quienes consideramos que es necesaria la reconquista no debiéramos tirar aceite hirviendo desde una azotea. Debemos dejarlo en el piso, junto con los pisoteados derechos laborales, porque para superar la caída se van a necesitar manos que levanten, que ayuden a ponerse de pie luego del resbalón por la patinada, y estar preparados porque después de 1807… vino 1810. Así que el sol del 25, a pesar de estos días invernales y grises, viene asomando.
