La flamante profesional, proveniente de una familia trabajadora, contó cómo fueron estos siete años de estudio. Escribe: Edgardo Pietrobelli | Especial para LA PALABRA
Florencia Aguiar, de 26 años, alcanzó una meta que demandó esfuerzo, constancia y una enorme dedicación. Nacida y criada en Tristán Suárez, acaba de recibirse de abogada en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires (UBA), tras siete años de estudio y largas jornadas de viaje entre su casa y la universidad. En esta entrevista compartió cómo fue ese camino, los sacrificios que implicó, el apoyo de su familia y la importancia de la educación pública para hacer realidad su sueño profesional.
—¿Te costó mucho completar los estudios?
—Me llevó mucho tiempo porque vivo a dos horas y media de la facultad. Entre ir y volver tenía aproximadamente cinco horas de viaje por día. Era un esfuerzo diario levantarme temprano para cursar. Había días en los que salía de mi casa a las cinco de la mañana. Cuando hice el CBC, que cursé en Avellaneda, salía incluso a las cuatro y media. Fue un año entero levantándome a esa hora para poder llegar a clase. Más que estudiar, el mayor desafío fue sostener la constancia de viajar todos los días. Podía pasar ocho, nueve o diez horas estudiando sin problemas, pero el viaje era lo que muchas veces me hacía pensar en abandonar.
—¿Qué resignaste para poder estudiar?
—La carrera me llevó siete años en total: uno de CBC y seis de cursada. Siempre digo que, si hubiera sacrificado más cosas, probablemente la habría terminado en cinco o seis años. Pero elegí no hacerlo. Seguí participando de cumpleaños, reuniones familiares y salidas con amigos. Durante esos años reduje mucho ese tiempo, pero no quise eliminarlo por completo. Preferí cuidar mi salud mental, aunque eso significara extender un poco más la carrera.
—¿Qué papel jugó tu familia al ayudarte, tanto económica como emocionalmente?
—En estos siete años cambié mucho. No es lo mismo tener 17 o 18 años que 26. Mi familia siempre me dio la posibilidad de elegir entre trabajar o estudiar.Cuando surgió la oportunidad de estudiar, me dijeron: “Anotate en la carrera que quieras. Nosotros te vamos a apoyar”. Empecé el CBC a los 18 años y, desde entonces, siempre recibí apoyo económico y emocional. Mis padres y mis hermanos me repetían que podía lograrlo, que el esfuerzo iba a valer la pena y que era capaz. Ese respaldo fue fundamental para seguir adelante. Estuve en pareja durante los primeros años de la carrera. Me mudé con esa persona y compartía la misma idea que mis padres: la facultad era mi prioridad. Me decía que, mientras estudiara, no me iba a faltar nada desde lo económico. Después nos separamos y volví a vivir con mis padres. Ellos siguieron haciendo un enorme esfuerzo para que pudiera terminar mis estudios, y eso es algo que valoro muchísimo. Siempre digo que, cuando uno estudia, hace muchos sacrificios, pero alguien también tiene que sostener ese esfuerzo. Es muy difícil dedicarse exclusivamente a estudiar si no hay una pareja, padres, abuelos o alguien que pueda brindar apoyo económico. Para mí fue una decisión difícil elegir estudiar y no trabajar. La independencia económica también es importante; el trabajo dignifica. Mientras estudiás, nadie te paga por hacerlo. Son siete años sin ingresos, aunque sabés que ese conocimiento va a dar frutos en el futuro.
—Para vos que sos una persona que proviene de la clase trabajadora, cuyo padre es un trabajador con un sueldo promedio (tu padre es colectivero), ¿qué papel juegan el Estado y la universidad pública?
—Creo que la universidad pública juega un papel muy importante, porque nos da la posibilidad, no digo a todos, porque aunque la universidad sea pública, no todos pueden acceder a ella, dado que hay muchos otros gastos. Que la universidad sea pública no te garantiza el acceso a los materiales de estudio, no te garantiza el acceso al viaje, al transporte, no te garantiza un montón de cosas que hay que sustentar durante la carrera. Yo, por ejemplo, estudié Abogacía. Por lo tanto, mis gastos en la carrera eran de transporte, más algún desayuno, alguna merienda, algún almuerzo. Y los libros y las fotocopias. Hay otras carreras que tienen muchísimos más gastos que la que yo hacía: herramientas, materiales, exposiciones, un montón de cosas, tecnología. Entonces, yo elegí una carrera que, por suerte, no tiene tanto gasto. Pero igual, ahí hay una inversión que tenés que hacer. Obviamente considero que es muy importante que la universidad sea pública: no hubiese podido hacer la carrera en una universidad privada.
—¿Qué especialidad vas a seguir?
—El título de abogada me habilita para ejercer en cualquier rama del Derecho. Sin embargo, elegí especializarme en Derecho Laboral. Esa es el área en la que quiero desarrollarme profesionalmente.
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