CLUB TRISTÁN SUÁREZ | Adiós a Roberto Ballestero

El programa Sentimiento Lechero confirmó la partida de Roberto Ramón Ballestero (1945-2025), socio vitalicio del Club Tristán Suárez, exfutbolista y exdirigente de la institución lechera donde fue parte de la comisión durante los ascensos de 1975 y 1995. Fue además comerciante, colaborador de distintas entidades, un querido vecino, músico aficionado y, sobre todo, un hombre de familia orgulloso de sus hijos y nietos. Su legado quedará grabado en la memoria de todos los que compartieron su vida. Nuestro sentido pésame a sus familiares, amigos y allegados. A modo de homenaje, compartimos algunos recuerdos que Roberto desgranó en diálogo con LA PALABRA, en una entrevista del 2017 para la Sección Memoriosos.

NACIMIENTO E INFANCIA

“Nací en 1945 en Saladillo, a 170 kilómetros de Tristán Suárez. En esos años vinimos con mis padres y mis dos hermanos a Tristán Suárez. Por eso digo que toda mi vida viví en Tristán Suárez. Mis padres se llamaban Bernardo y Ángela. Mi padre comenzó a trabajar en el aeropuerto y mi madre era ama de casa; con el tiempo se hizo cocinera en el Club de Golf Lomas Athletic, de la Unión, mientras yo era caddy allí, más o menos en 1960. Mi padre terminó trabajando en La Tarantela, donde actualmente está el Coto de Suárez, elaborando productos lácteos”.

“Vivimos en una casa humilde, en Saavedra entre Farina y Escalada. Teníamos necesidades, pero nos conformábamos con eso. Con mis hermanos Osmar y Olga (conocida como ‘Pocha’) jugábamos a pesar de las diferencias de edad. Junto a mi hermano éramos imparables jugando al fútbol. Él estudió en un colegio de La Plata para sordomudos y, con el tiempo, llegó a representar a la Argentina en la Selección de Sordomudos de fútbol. Mientras tanto, Olga estaba entre la escuela y la casa”.

“Fui a la Escuela Canale hasta 6º año. A la maestra que más quería era Gobello, de la cual me había enamorado; y la que no me agradaba era de apellido Pérez Nava. Entre amigos no había diferencia de clases y siempre éramos 4 o 5 los que más nos veíamos. Las tardes de los domingos jugábamos a la pelota y andábamos a caballo por las calles de tierra de Suárez. Nuestra diversión era ir a pescar al arroyo Giménez, donde íbamos todos los chicos del barrio Porquera. Los que no saben nadar es porque no se metieron al arroyo”.

“El fútbol me sirvió para conocer a muchas personas. Comencé a jugar en Suárez, en las ligas de Echeverría y Cañuelas. Recuerdo los clásicos contra Atlético Ezeiza, rivalidad total. Por problemas de salud tuve que dejar a los 18 años, pero no sin antes conseguir amigos y acumular anécdotas. Una de ellas fue cuando tenía 12 años: nos llamó, junto al equipo que armamos, el dueño de la librería San Antonio, Roberto Garayar, para que representáramos al local en el pueblo. Por esos años nadie nos podía ganar, jugando yo en la posición de 10. Enfrentábamos equipos de la zona como Ezeiza, Monte Grande, Máximo Paz, Guillón. Algo que quedó para el recuerdo fue la antigua disposición de la cancha de Suárez: estaba al revés de cómo está ahora. Antes, los arcos estaban de Farina a Escalada; hoy están de Gómez a Moreno. Solo tenía los arcos, y nosotros debíamos cortar el pasto y sacar los cardos. Solo había dos vestuarios y una bomba”.

“Por las mañanas venían los carros de los tamberos, descargaban la leche en La Tarantela, dejaban los caballos atados en Gaddini y algunos se iban al bar de la esquina, en Gaddini y Ruta 205. Aparte estaba el tren lechero, pero la mayoría iba a la fábrica de lácteos”.

SECUNDARIA, ENTIDADES Y TRABAJO

“La secundaria la hice en el Colegio Comercial de Monte Grande. Allí estuve 5 años, mientras trabajaba a la mañana. Mi primer trabajo fue armar y centrar ruedas de motos Gilera. Luego trabajé en un laboratorio de Carlos Spegazzini, haciendo tareas de planta, entre otros empleos”.

“Al no poder tener una actividad deportiva en Tristán Suárez, me incliné hacia la parte dirigencial del Club Social y Deportivo Tristán Suárez. Primero en una subcomisión para la construcción de las piletas del club, hoy reformadas y climatizadas. Después seguí con ajedrez, básquet y luego pasé a la comisión directiva, con el cargo de secretario. Durante mi período, Tristán Suárez ascendió en fútbol de la categoría D a la C y de la C a la B. Mi hijo se pregunta si soy la cábala para el próximo ascenso. Siempre estuve apoyando al club. Ya retirado de ese cargo, hoy vuelvo al club acompañando los primeros pasos de mi nieto Gabriel”.

“También participé en el Club de Leones, donde hice de todo. Llegué a organizar una campaña de captación de órganos publicada en el diario La Voz de mi Parroquia, de mucho renombre en esa época. Pasé por todos los cargos hasta llegar a presidente en 1993”.

“Trabajé en varias inmobiliarias durante más de 30 años y hoy acompaño a mi hijo Diego en su proyecto inmobiliario, Ballestero Propiedades, desde hace un año y medio en Tristán Suárez”.

MÚSICA

“Fui baterista en una orquesta. Formé con unos amigos una banda característica y tocábamos en cumpleaños, clubes y sociedades de fomento. La banda se llamaba Mar Azul y estaba compuesta por guitarra, batería, acordeón a piano y saxo. Éramos 4 integrantes y a veces 5, con el que tocaba la maraca. El emprendimiento duró 5 años, pero por cuestiones de trabajo, tiempo y traslado de los instrumentos lo dejamos. Tocábamos todo lo bailable: rock, tango, milonga, foxtrot, entre otros. Amor en Budapest era nuestra cortina musical de presentación”.

FAMILIA

“Íbamos a bailar con el grupo de amigos a los clubes de Tristán Suárez, Club Tamberos Unidos, Cañuelas, Lobos, Monte Grande y hasta Lomas de Zamora. Antes no había tantos boliches en la zona. Me gustaba Palito Ortega y era su seguidor, porque venía a los bailes que se hacían acá. En el Club Tamberos bailé por primera vez con mi esposa, Alicia Nieves. Nos conocíamos de vernos; ella venía a Suárez los fines de semana, donde tenía una casa de descanso. Estuvimos 13 meses de novios y nos casamos. Tuvimos dos hijos, Diego y Marianela; y ellos tuvieron dos hijos: Gabriel, de Diego, y Franco, de Marianela. Mi meta fue que mis hijos llegaran a ser profesionales. Sueño que se cumplió: mi hijo es martillero y contador, y mi hija abogada. Amo a mis hijos y nietos, que son mi verdadero tesoro”.

Roberto Ramón Ballestero (1945-2025) | QEPD

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