EL PASADO RECIENTE | Dictadura, DD.HH. y la historia local

Escribe: Juan Carlos Ramirez Leiva | Junta de Estudios Históricos del Distrito de Ezeiza | Expositor en la Vigilia de Ezeiza por el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia

Aún hoy hay quienes niegan el terrorismo de Estado, alegando que “no fueron 30 mil” o que “hubo una guerra”, sosteniendo los discursos de la dictadura que justificaban el genocidio en busca de impunidad. El número total de detenidos-desaparecidos y de víctimas del terrorismo de Estado no lo conocemos porque se trató de acciones clandestinas, aunque ya antes de 1980 habían admitido más de 22 mil víctimas, y luego siguieron asesinando, aun en democracia, como fue el caso de Jorge Julio López.
El número de 30.000 es símbolo de la lucha por los derechos humanos, por la no repetición y por la búsqueda de Memoria, Verdad y Justicia. Aún hoy existe un pacto de impunidad por el cual nunca han revelado ni cuántas ni quiénes fueron las víctimas, ni cuál fue su destino final, ni qué ha sido de los bebés apropiados.
Madres, Abuelas, familiares y sobrevivientes enfrentaron a la dictadura, y a ellos debemos seguir acompañando, porque solo con Memoria, Verdad y Justicia podemos sostener el Nunca Más.
Sin dudas, las Madres de Plaza de Mayo fueron el símbolo más poderoso, porque clamaban por saber qué había sido de sus hijos. Dando vueltas a la Pirámide de Mayo, fueron una presencia constante desde diciembre de 1977. Por ello fueron secuestradas Azucena Villaflor, organizadora de Madres de Plaza de Mayo, y las monjas francesas Alice Domon y Léonie Duquet. Meses antes había sido secuestrado y torturado Adolfo Pérez Esquivel.
Desde 1980 se instalaron las consignas de “Aparición con vida” y “Juicio y castigo” y, tras la derrota en la Guerra de Malvinas, comenzó el declive del régimen militar. A 50 años del golpe de Estado, sin contar que en el período 1973-1976 fueron asesinadas entre 1.500 y 2.000 personas por la Triple A, el Estado asesinó a 30.000 personas.
Hoy sabemos que el genocidio fue ejecutado para imponer un modelo económico, eliminando toda disidencia. Se han llevado adelante más de 300 juicios y unos 1.200 represores fueron condenados por secuestros, torturas, violaciones y asesinatos, e incluso por hacer desaparecer cadáveres. Hicieron desaparecer personas de todas las edades: bebés, adolescentes y ancianos, además de apropiarse de niños y patrimonios.
El plan genocida impactó en nuestro actual municipio, ocultando los cadáveres de Eduardo Alberto Delfino, cuyos restos fueron encontrados en un enterratorio clandestino en el basural del Cementerio de Avellaneda. No tuvieron el mismo consuelo los familiares de Marta “Martita” Cecilia Alonso, cuyo paradero aún se desconoce, como tampoco en el caso de Eduardo “Toto” Ramos Mejía.

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