ELIANA TORTORELLA | “El amor puede ser una intervención política”

Así lo afirmó la escritora Eliana Tortorella a propósito de la salida de Astillas, su primer libro. “Con las palabras yo no le estoy sirviendo un plato de comida a ese chico que no tiene para comer, pero sí le estoy dando voz y estoy hablando de él”, aseguró. Balance, perspectivas y proyectos del colectivo Patio al Sur.

Eliana Tortorella (1983) es licenciada en Trabajo Social, escritora y tallerista. Junto a Pablo Ruocco y Sammuel Magariños coordina el colectivo Patio al Sur, que desde Ezeiza lleva adelante talleres, ciclos, presentaciones y ediciones. Está especializada en literatura infantil y juvenil y forma parte del grupo de acción poética feminista Maraña. En 2025 publicó Astillas, su primer libro. En diálogo con LA PALABRA, habló sobre su poemario, su labor en talleres, sus lecturas e influencias y el impacto de lo social en la literatura.
—El año pasado salió el libro Astillas. ¿En qué momento sentiste que esos textos necesitaban volverse un libro?
—En octubre de 2025 tuve la inmensa alegría y, sobre todo, la emoción de que se publique Astillas, después de muchísimo trabajo. Creo que uno de esos momentos tiene que ver con ese trabajo, porque si bien yo escribí con el objetivo de que sea un libro de formas breves de escritura (ese fue el primer objetivo del proyecto), una vez que tuve la cantidad de textos que yo sentí que tenía que tener el libro, con todas las temáticas que yo quería abordar, que sentía que necesitaba abordar y visibilizar, ahí sentí que fue la primera vez que dije: “esto ya está listo para empezar a trabajar”. Hubo otro momento de corrección y trabajo que fue larguísimo también. Fue el segundo momento en el que dije: “bueno, ya está, listo para que se publique”. O sea, yo siento que hubo dos momentos: el primero, el proceso de escritura, y el segundo, el proceso de corrección y edición. Y el último fue definitivo y el más emocionante, cuando uno entiende que ya está listo para que sea publicado.
—Allí trabajás con formas breves, textos mínimos pero muy intensos. ¿Qué te da la brevedad en contraposición a un texto largo?
—Las formas breves, en contraposición a los textos largos, más extensos, me dan la posibilidad de ir a explorar otras formas de descripción. Y me refiero a que la búsqueda, en mi caso, es muy clara: yo busco ir a la esencia. La esencia de una gran historia, o una imagen, o un sentimiento que puede ser inabarcable, puede ser extenso si quisiéramos, pero yo voy a la esencia. ¿Cuál es la esencia? ¿Qué es lo que duele? ¿Qué es lo que me convoca? ¿Qué es lo que me hace feliz? O sea, la esencia es eso: trabajarla en pocas palabras, y cada palabra va a contar, porque al ser textos breves es como una composición. Yo siento que compongo una imagen y una forma de expresar esa esencia. Y por eso también, cuando lo leo, digo: bueno, esto me duele, porque primero me duele a mí, porque es mi verdad, es la forma en que yo entiendo el mundo y lo que a mí me duele, lo que a mí me conmueve en principio, pero también lo que yo siento que necesito darle voz y visibilizar. Y bueno, todo eso lo puedo lograr en estas formas breves de escritura que fui trabajando y construyendo con muchísimo trabajo.
—El libro recorre temas como la muerte, la maternidad, la violencia, la enfermedad, la precariedad social. Hay una fuerte dimensión afectiva en el libro, pero también una mirada política. ¿Creés que escribir desde el amor puede ser una forma de intervención política?
—Estoy totalmente convencida de que escribir desde el amor puede ser una intervención política. Lo es porque la palabra es política: nosotros somos sujetos políticos. Y poder visibilizar situaciones, poder escribir desde el amor (y no el amor romántico, sino un amor combativo, un amor que busque el bien común, un amor imperfecto también, porque todos somos imperfectos en muchos aspectos y no somos ni totalmente buenos ni totalmente malos), pero con la guía, con la meta y el fin de que lo que se hace es con amor, entonces eso indefectiblemente va a hacer que, cuando yo escribo sobre alguien que tiene hambre (y hambre es no tener para comer) y lo escribo desde el amor, desde el amor y desde el dolor. Con las palabras yo no le estoy sirviendo un plato de comida a ese chico que no tiene para comer, pero sí le estoy dando voz y estoy hablando de él. Le estoy dando entidad y le estoy dando un lugar en mi palabra, en la palabra política, en la mirada del otro. Entonces, desde ese lugar, y cuando voy a una lectura, porque es lo que a mí me interesa… De hecho, tengo un tatuaje que dice en latín Amor vincit omnia (“el amor lo vence todo”), porque estoy convencida de que es así. Así que sí, no tengo ninguna duda de que es una forma de intervención política.
—El libro se organiza en cuatro secciones muy marcadas. ¿Pensaste esa estructura desde el inicio o fue apareciendo a medida que los textos se juntaban?
—Eso fue algo que surgió en el proceso de corrección y edición. Fue una propuesta de Vanina Navarrete, que fue una de las editoras de Astillas. Cuando estábamos armando el orden de los textos, surge esta idea, esta propuesta de las secciones, y me pareció fabuloso, porque ahí pude agruparlos y cada sección va a resonar mucho con ese grupo de relatos, de formas, desde la escritura, como lo terminamos llamando. Y ahí siento que cada sección tiene una identidad propia. Yo sentí que cuando aparecieron esas secciones se elevó un montón la potencia del libro.
—Sos licenciada en Trabajo Social. ¿De qué manera esa formación y ese modo de mirar el mundo atraviesan tu literatura?
—El Trabajo Social me enfrenta diariamente a situaciones de las que mencioné anteriormente, que son muy difíciles de procesar, como inabarcables emocionalmente por momentos. Y la literatura me acompaña a poder darle forma a eso que me parece inabarcable, eso que considero que es de lo que hay que hablar, adonde yo ahí específicamente pongo el cuerpo y después pongo la palabra desde la literatura. Personalmente siento el compromiso social de estar en contacto con esas situaciones, poder ser parte de ese pequeño grano de arena que intenta cambiar un poco alguna realidad, a veces con mayor o menor éxito. Poner el cuerpo y escuchar a una madre llorar en la desesperación de las múltiples vulneraciones sociales que atraviesa junto con su hijo. Luego de poner el cuerpo viene la palabra para poder darles voz y permitir que otras personas también puedan empatizar con esas personas y esas situaciones. Entonces creo que todo tiene que ver con todo. A su vez, también siento que la palabra es política, que volvemos a ser sujetos políticos. Pero particularmente la literatura me acompaña a poder atravesar mi trabajo y mi forma de vivir, porque es una elección diaria. Y agradezco mucho poder trabajar de lo que amo, tanto en el área social como en la literatura.
—El libro dialoga con autoras y autores contemporáneos ligados al feminismo y a nuevas narrativas. ¿Qué lecturas sentís que te formaron o te acompañan hoy?
—Libros hay un montón. He leído bastante y he leído también por canon, porque era el canon literario y había que leerlo. Me acuerdo de leer por primera vez a Girondo y parecerme fascinante, y estar totalmente alucinada. En ese momento también estaba muy fascinada por el dadaísmo y los artistas surrealistas. También Norah Lange, Roberto Arlt, Jacobo Fijman, bueno, un montón. Después Cortázar, esas primeras lecturas que marcaron; recuerdo subrayar y releer una y otra vez Un tal Lucas. Y si pienso, todos ellos son muy visuales y hay mucho de trabajar la esencia, y eso también me interesa. Pienso que quizá por eso conecté mucho con esos textos y, con esta pregunta, repienso un poco eso de por qué me conmovieron tanto, porque hay algo de esa sensibilidad y esa forma visual de escritura que me parece muy conmovedora. Actualmente, cuando conocí a Cabezón Cámara, me parece también alucinante. Me parece fascinante su prosa, cómo escribe, cómo puede escribir fragmentos muy crudos, brutales, tremendos, y mezclarlos con una poesía sublime. Es una mujer con la que estoy totalmente fascinada y agradezco haber encontrado su literatura. También Selva Almada, Susy Shock; me parece también una artista increíble, con una sensibilidad social abrumadora. Bueno, podría seguir, pero por nombrar algunos autores y autoras.
—Después de la salida del libro, ¿sentís que cambió algo en tu relación con la escritura?
—Sí. Es un poco raro de explicar, pero siento que algo cambió con relación a darle valor a mi escritura personalmente. Me pasaba que yo siempre tuve la suerte de estar rodeada de gente muy amorosa, muy buena, de amigos que me leían, que acompañaban mis escritos. Entonces, muchas veces dudaba de ese valor literario, de ese trabajo que vengo haciendo hace tantos años, porque no podía diferenciar si me acompañaban por cariño o porque realmente mi obra tenía un peso propio. Y cuando la solté y empezó a llegar a lectores que yo no conocía, empezó a trascender y empecé a tener devoluciones de esas personas. Sentí como que mi escritura se empezó a empoderar, no yo, sino la escritura, y yo pude darle por fin ese lugar que nunca le había dado. Y decir: bueno, me falta, sigo aprendiendo, voy a seguir trabajando, voy a seguir formándome, pero hay algo de todos estos años de trabajo que sí se pudo reflejar y sí tiene un valor literario, literal. Así que yo pienso que ahí eso sí cambió. Cambió, no sé si mi relación con la escritura, pero sí cambió la forma en que yo veo lo que escribo.
—¿Qué te gustaría seguir explorando con la palabra?
—Explorar la palabra me obsesiona y me encanta. Tengo muchas ganas de seguir perfeccionando estas formas breves de escritura. Estoy muy conectada con esta manera de escribir. A su vez, por otro lado, escribo relatos, cuentos breves, cuentos un poco más extensos. Estoy escribiendo bastante poesía. Todo eso lo hago como una forma de ejercicio de escritura y está en carpetas que no pretenden ser ningún proyecto de libro, pero sí escribo. A veces esos trabajos los presento en algún concurso. Si tuviera que trabajar en un próximo proyecto, sería con estas formas breves de escritura.

PATIO AL SUR | PROYECTOS EN MARCHA

Eliana Tortorella es una de las coordinadores del colectivo literario Patio al Sur, junto a Pablo Ruocco y Sammuel Magariños. Brindan talleres, organizan ciclos de lectura y desde el 2025 están incursionando en la edición.
—¿Podés contarnos sobre tu actividad de tallerista?
—Actualmente tengo dos. El taller de jóvenes, que se va a retomar en marzo, es un taller de escritura y literatura social. Tiene la particularidad de que todos ya tienen textos escritos u obras encaminadas. Entonces, lo que hacemos es acompañar esas obras, trabajar los personajes. Yo hago mucho hincapié en la creación y construcción de los personajes, entonces trabajamos mucho con las fichas de esos personajes: los dibujamos, los escribimos, los ponemos en tensión. Todos están muy involucrados en las obras de los otros. Se armó un grupo muy lindo de jóvenes: de 12 a 21 años. La verdad es que es muy conmovedor ver esta juventud tan convocada por la escritura y la literatura. Y bueno, entre ellos hicieron amigos, amigas y amigues. La verdad que es muy lindo, es muy hermoso escucharlos. También aprendo mucho de ellos; la verdad, son espacios hermosos. El otro espacio, que es nuevo, es el de escritura y literatura social, donde propongo textos con esta impronta social, también pensar un poco la realidad, dejarnos atravesar, poder sensibilizarnos y, en ese proceso, poder escribir. Luego de toda una introducción y un momento teórico que apunta más a conocer autores que también están involucrados con esta temática, se busca generar escritura en esa línea. Claramente yo estoy totalmente atravesada (lo milito desde un montón de lugares) por la cuestión social, y puedo unir estas dos pasiones en esto. Lo que espero de mis alumnos es que disfruten y amen lo que hagan, que sean felices en estos espacios, que sean espacios amorosos, amigables, lugares de encuentro, donde tengan ganas de que llegue el día para conectarse o ir, en el caso de que sea presencial, para encontrarse con gente que está en la misma sintonía, que comparte miradas. Yo tengo ganas de encontrarme con ellos. Así que lo que espero es que disfruten de escribir. Todo lo demás se viene, se corrige; todo lo demás es trabajo, pero amar lo que uno hace y hacer las cosas desde el amor es la clave. Eso es lo que espero de mis alumnos, participantes o de quienes hacen los talleres, y de que estos espacios existan.
—¿Qué novedades y perspectivas tienen con Patio al Sur para el 2026?
—En principio tenemos ciclos de lectura. Este año se van a festejar los cinco años de Patio al Sur, y vamos a tratar de hacer un evento donde tengamos varios escritores/as invitados. Podría ser un evento un poco más importante en torno al festejo de estos cinco años y también festejar todo lo que hacemos: los encuentros de lectura, los encuentros para las infancias, el Patio Abierto, que es una propuesta que también lleva adelante Sammuel. También Pablo va a incursionar en una propuesta de vinos y literatura este año. Están los talleres virtuales, algunos presenciales. Vamos a abrir un espacio de cine debate. Hace poco también hicimos un evento a beneficio de una fundación para un hogar de niños, que también nos parece valioso para abrir el espacio a esas actividades. Con respecto a nuestro trabajo editorial, es un trabajo que estamos encarando con muchísimo compromiso. También está en este equipo Nuri PG, que es la diseñadora de las tapas de Patio, que les dan una identidad importante. Ahí, entre Pablo y Nuri, hay un muy buen equipo de diseño: entre ambos van construyendo las tapas. También estamos en ferias. Hay un proyecto que tiene un municipio de Lomas de Zamora donde vamos a estar participando todos los meses con la despensa de libros. En ferias, acompañamos a los autores desde ese lugar, invitándolos a los eventos, a los ciclos de lectura. En cada feria, en cada lugar, cada uno lleva los libros de Patio, los milita, los difunde, y ese trabajo que se hace con tanto amor y compromiso yo concretamente voy viendo los resultados, y es muy conmovedor. Es tanto lo que hacemos que terminamos todos muy cansados. El año pasado hubo momentos abrumadores, porque hay mucho trabajo, pero lo logramos porque somos un equipo, porque nos apoyamos, porque hay mucho cariño y porque también somos amigos. Yo insisto mucho en eso: no podría trabajar con gente que no quiero. En un trabajo que elijo, donde intento aportar mi granito de arena para construir de forma colectiva, elijo trabajar con mis amigos, con gente que quiero, que sé que nos vamos a cuidar y que vamos a cuidar el trabajo del otro. Tenemos intercambios, discusiones, miradas distintas. Somos personas fuertes y distintas, pero creo que eso es fabuloso. El cariño es lo que nos une y hace que el trabajo tenga la calidad que tiene, porque le ponemos mucho amor. Yo estoy atravesada por eso: todo lo que hago lo hago con amor y entrega. Estamos trabajando en varios proyectos editoriales para este año. Una colección de nuevas voces, con dos libros que están próximos a ser publicados. Luego vamos a empezar a trabajar otro proyecto editorial que nos tiene muy emocionados, porque es de una persona que respetamos, queremos y admiramos profundamente: José María Marcos. Nos dio su obra y fue muy emocionante, porque es un autor que queremos mucho y al que vamos a tener el honor de acompañar desde la editorial. José es una persona muy importante para nosotros. Tuvo que ver con que el proyecto crezca, porque él nos ha acompañado, nos ha facilitado un montón de cosas, desde abrirnos las puertas de un espacio donde hoy existe de forma física Patio al Sur, hasta los abrazos. Para mí ese libro es muy importante personalmente, muy emocionante, y estoy muy feliz de que lo editemos. Para 2026 la apuesta es seguir trabajando con conciencia, con fuerza, mejorando, y que cada vez sea un trabajo más profesional. Si tuviera que hacer un balance de 2025, fue un año de muchísimo aprendizaje, de crecimiento a nivel personal, de equipo, de estructura y de proyectos. Pude ver un crecimiento enorme que tiene que ver con que somos muchos trabajando y poniendo amor. También los alumnos hacen que esto crezca, porque acompañan, aportan ideas, saberes, desde muchos lugares. Todo se construye de forma colectiva. Para mí, cuando hablo de Patio al Sur, las palabras colectivo y amor están muy presentes. Intenté ser lo más breve posible, pero es enorme todo lo que hacemos. Yo, que trabajo mucho con la esencia, creo que este es un proyecto hecho con mucho amor. Amo poder tener esta posibilidad en este momento de mi vida, me transmite mucha felicidad. Espero que el 2026 sea todavía mejor.

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