Escribe: Juan Carlos Ramírez Leiva | Junta de Estudios Históricos del Distrito de Ezeiza
Leemos: “En el Partido de Cañuelas, a días doce de mayo de 1854” (sic) comparecen Juan Thompson, Susana Thompson (viuda) y Marta Thompson (soltera), mayores de edad y vecinos, que por no poder viajar a la capital le dan poder a Enrique Thompson. Lo firman Augusto Powell —quien había sido testigo del dictado del testamento (1851)—, el juez de paz Evaristo Alfaro y don José María Alegre.
Juan Thompson y Brocksopp y sus hermanas respetaron el deseo paterno de que Enrique conservara “terrenos y casas en la Magdalena”, y que se cuidara de sus hijos menores tenidos con Phebe Rowe. Cumpliendo con su voluntad, vendieron sus partes a Enrique, permaneciendo ellos en nuestra región.
La mensura practicada por G. Kuhr (1857) lleva el título de Thompson Marta y otros, por lo que inferimos que Marta permanecía soltera a los 31 años. En mensuras posteriores no se registran cambios, y en un plano de 1868 figura que lindaban con Rosario Carrizo y Antonio Ríos por el N.O., y con Rosario Acosta y los herederos de Manuel La Rosa por el S.E.
En distintos planos se observan propiedades de Juan y de Susana (Cuartel IV, Plano de San Vicente, 1881), por lo que es probable que Susana (viuda en 1851) no volviera a casarse. En el mismo plano, pero en el Cuartel VII, se ubican tierras de Marta y propiedades de Juan: un casco de estancia sobre el lado oeste del Camino Real, además de otras poblaciones. En las mensuras y en los planos comentados de 1881 y 1891 también aparecen nuestros vecinos, ingresando a Catalina A. de Thompson con tierras en el Cuartel VII.
Sobre otros apellidos que podrían estar relacionados con estos vecinos que ya cumplen 175 años en el distrito, encontramos a Guillermo Joung en el Libro Diario de la Municipalidad de San Vicente y a Juan Rower (enero de 1900). Sobre Joung no hemos podido establecer parentesco, pero respecto de Rowe pensamos que se refiere a Juan Rowe, propietario de la estancia Los Retamos, que perteneciera a Susana Thompson y Brocksopp y que entró en sucesión hacia la década de 1930.
El Primer Censo Nacional (1869) consigna que en los cuarteles IV y VII fue empadronador Juan Julián Thompson, casado con Catalina Hanley, de 28 años, que sabía leer y escribir. No hay registro de hijos.
Por el Plano N.º 107 del Partido de Esteban Echeverría observamos que la familia mantuvo las tierras indivisas e incluso parece haberse expandido sobre parcelas que la familia Alegre había poseído sobre el Matanza. Sus propiedades tenían como linderos, por el sur y desde el Matanza hacia el este, a los herederos de Cipriano Alegre y a parcelamientos de la familia Nolasco. Desde el S.E. al N.E., a Carlos Caraza, De la Rosa y Santiago Ginochio. Por el norte, y desde el este al oeste, a Antonio Ríos, Secundina Carrizo, Rosario Carrizo, Margarita Hanley de Fariña, Patricio Hanley, Margarita Hanley de Smith y Margarita Scharp Hanley. Puede entreverse que las relaciones parentales, por política casamentera, llevaron al grupo a extender sus dominios desde fines del siglo XIX hasta principios del XX, cuando la economía agroexportadora estuvo en pleno esplendor.
PROPIEDADES | Una aproximación a los límites
Una aproximación a los límites de sus propiedades estaría dada desde el Matanza por una prolongación de la calle Antártida Argentina hasta Acevedo, Blas Parera (oeste de Tristán Suárez), Roque Sáenz Peña hasta Falucho y de allí hacia Spegazzini (todas del lado este de Tristán Suárez). En Carlos Spegazzini, una continuación aproximada de Falucho hasta su intersección con la prolongación de Magallanes, María Curie (lado oeste) y su prolongación hasta nuevamente el río Matanza. Para quienes quieran recorrer hoy lo que queda de las propiedades que otrora pertenecieran a la familia, basta con llegar a C. Spegazzini y tomar la calle Roma en dirección a T. Suárez. Las tierras donde se levantó el casco de Los Retamos son notoriamente más altas que las que se extienden desde la mencionada arteria hasta lo que fuera el Camino Real, quizás por la acción de los hornos de ladrillos que hasta el pasado siglo allí funcionaban. A unos 400 metros del cruce de Roma con el Camino Real, la traza hacia el este de una hilera de árboles —con talas y eucaliptos sumamente añosos— forma una galería que comunicaba con instalaciones de las que aún puede notarse un galpón reciclado. Otro monte de eucaliptos y talas, cerca del casco, da inicio a una nueva galería con árboles largamente centenarios, paralela a las vías y en dirección N.E., hasta una tranquera que, en la calle Concepción, apunta hacia la estación de Tristán Suárez. Probablemente los eucaliptos sean de las primeras partidas plantadas en Argentina; algunos son tan anchos que superan los seis metros de diámetro, y tal como estaban distribuidos, indican que fueron sembrados luego de que el trazado del ferrocarril (1885) pusiera nuevos límites a sus propiedades. Tal vez cuando la ruta 205 fue trazada hacia 1935, la estancia abrió la tranquera hacia las vías que aún hoy se mantiene, aunque la propiedad ahora pertenece a una empresa privada que no se privó de talar parte del patrimonio arbóreo mencionado.
