Representantes de distintos credos religiosos y representantes de Lomas de Zamora, Almirante Brown y Ezeiza, entre otros funcionarios, participaron de la celebración exequial.
En la catedral Nuestra Señora de la Paz, el obispo de la diócesis de Lomas de Zamora, monseñor Jorge Lugones SJ, presidió ayer lunes a noche la misa de exequias por el eterno descanso del Papa Francisco, fallecido a los 88 años. La muerte del Sumo Pontífice ocurrió a las 7:35 de la mañana, hora de Roma, informó el cardenal Kevin Joseph Farrell, Camarlengo del Vaticano. Justamente en coincidencia con el lunes de la Octava de Pascua, en el marco del Año Santo Jubilar 2025, que él mismo había convocado. En su homilía, el obispo manifestó: “Cómo unir la alegría pascual que ayer celebrábamos, y hoy la tristeza de la pérdida del padre; el corazón humano, se siente tironeado. Y Francisco, también de prisa, como las mujeres del evangelio, fue al encuentro del resucitado”. Concelebraron la misa el obispo auxiliar, monseñor Fernando Rodríguez; el vicario general de la diócesis, presbítero Hugo Barrios; el rector del Seminario “De la Santa Cruz”, presbítero Andrés Vallejos; los vicarios zonales y los sacerdotes presentes. Representantes de distintos credos religiosos y representantes de Lomas de Zamora, Almirante Brown y Ezeiza, entre otros funcionarios, participaron de la celebración exequial.
TESTAMENTO DEL PAPA. En la tarde del lunes se conoció el documento redactado por Jorge Mario Bergoglio en Santa Marta, el 29 de junio de 2022: “Pido que se prepare mi tumba en el nicho de la nave lateral entre la Capilla Paulina (Capilla de la Salus Populi Romani) y la Capilla Sforza de la Basílica de Santa María la Mayor. La tumba debe estar en la tierra; sencilla, sin decoración particular y con la única inscripción: Franciscus”.
En el Nombre de la Santísima Trinidad. Amén. Sintiendo que se acerca el ocaso de mi vida terrena, y con viva esperanza en la Vida Eterna, deseo expresar mi voluntad testamentaria sólo en cuanto al lugar de mi sepultura. Mi vida y mi ministerio sacerdotal y episcopal los he confiado siempre a la Madre de Nuestro Señor, María Santísima. Por tanto, pido que mis restos mortales descansen esperando el día de la resurrección en la Basílica Papal de Santa María la Mayor. Deseo que mi último viaje terrenal termine en este antiquísimo santuario mariano, al que acudía en oración al inicio y al final de cada Viaje Apostólico, para encomendar confiadamente mis intenciones a la Madre Inmaculada y agradecerle sus dóciles y maternales cuidados. Pido que se prepare mi sepulcro en el nicho de la nave lateral entre la Capilla Paulina (Capilla de la Salus Populi Romani) y la Capilla Sforza de la citada Basílica Papal, como se indica en el anexo adjunto. El sepulcro debe estar en la tierra; sencillo, sin decoración particular y con la única inscripción: Franciscus. Los gastos para la preparación de mi entierro serán cubiertos por la suma del benefactor que he dispuesto, que será transferida a la Basílica Papal de Santa María la Mayor y para la cual he encargado las oportunas instrucciones al Arzobispo Rolandas Makrickas, Comisario Extraordinario del Capítulo Liberiano. Que el Señor dé una merecida recompensa a quienes me han amado y seguirán rezando por mí. El sufrimiento que se hizo presente en la última parte de mi vida lo ofrecí al Señor por la paz mundial y la fraternidad entre los pueblos. Santa Marta, 29 junio 2022, Francisco
REFLEXIÓN DEL OBISPO JORGE LUGONES. Tras conocerse la noticia del fallecimiento del Papa, el obispo de la diócesis de Lomas de Zamora, monseñor Jorge Lugones SJ, dijo que Francisco “quiso celebrar la Pascua directamente con Jesús resucitado, abrazado al Maestro, con abrazo eterno”.
Quiso celebrar la Pascua directamente con Jesús resucitado, abrazado al Maestro, con abrazo eterno. Profeta de esperanza, siempre preocupado y ocupado por los desplazados, los sufrientes, los descartados, los sin techo… Luchador por la dignidad de la persona humana y su continuo llamado a la paz.Alguien dijo: La santidad tiene el rostro sencillo del amor. En el último rostro gastado de Francisco, aún con su voz balbuciente, quiso estar al lado de su pueblo. Una vez me dijo allá en Roma que lo que más disfrutaba era ese paseo por la plaza, no solo lo consolaba, sino que renovaba su ministerio, su cercanía de pastor… Damos gracias a Dios por su testimonio y lo recordamos con su mano levantada saludando, bendiciendo y su mirada franca y llena de ternura… Se nos fue un padre… El Santo Padre. Mons. Jorge Lugones SJ




