DR. HÉCTOR CARVALLO | Publicó “Pandemia en las sombras. La verdad en primera persona”

El Dr. Carvallo, desde el Hospital de Ezeiza, y el Roberto Raúl Hirsch, desde el Hospital Muñiz (CABA), investigaron y desarrollaron durante 2020 un tratamiento alternativo para pacientes con COVID-19 que mostró efectividad. Esto los llevó a enfrentarse con el poder mediático, un sector de la política y la propia industria farmacéutica. En diálogo con LA PALABRA, el exdirector del Hospital de Ezeiza habló sobre lo sucedido en 2020-2022 y contó qué lo animó a dejar constancia de lo vivido.

El Dr. Héctor Carvallo publicó Pandemia en las sombras: la verdad en primera persona (Hormesis, 2026), un valioso y valiente testimonio personal sobre el hallazgo de un método de prevención y tratamiento alternativo para el COVID-19 que —tras probar su efectividad, a bajo costo, durante 2020— lo llevó a enfrentarse con el poder mediático, un sector de la política y la propia industria farmacéutica. Dicho procedimiento fue elaborado por el Dr. Héctor Carvallo, desde el Hospital de Ezeiza, y por el Dr. Roberto Raúl Hirsch, desde el Hospital Muñiz (CABA). Ambos investigaron y desarrollaron un protocolo que permitió el tratamiento de pacientes a partir del uso secuenciado de ivermectina (IVM), aspirina (AAS), dexametasona (DM) y enoxaparina (ENP), denominado IDEA. La obra fue presentada a comienzos de marzo de 2026 en el Círculo de Legisladores de la Nación Argentina (Bartolomé Mitre 2087, CABA) y también en distintas provincias. El año anterior, el Círculo brindó un homenaje a los doctores Carvallo y Hirsch por el aporte realizado en pro de la salud pública, tanto nacional como internacional, durante la reciente pandemia de SARS-CoV-2. En aquella ocasión, se destacó que “los estudios llevados adelante por ambos investigadores estuvieron entre los primeros a nivel mundial en demostrar alternativas válidas y eficaces para enfrentar esa enfermedad”.
Héctor Eduardo Carvallo (1957) es médico y docente, actualmente jubilado. Fue director del Hospital de Ezeiza, donde empezó a trabajar en 1986, e integra el Rotary Club. Desempeñó la docencia en Medicina en la Universidad de Buenos Aires, la Universidad Abierta Interamericana y la Universidad Maimónides. Por tareas humanitarias, ha sido premiado en el Círculo de Legisladores de la Nación Argentina y en el Senado de Nueva York, en Albany. Además, ha recibido las llaves de las ciudades de Seneca Falls y Geneva (New York), y de Sidney (Nebraska). Está casado con Mirta desde hace más de 40 años y tiene dos hijos y tres nietos. Vive en Barrio Uno desde 1984. En el libro Pandemia en las sombras: la verdad en primera persona elige el relato en primera persona y la organización cronológica para contar lo vivido durante el período 2020-2022. Deja constancia tanto del desarrollo de la investigación y sus derivaciones como de los distintos momentos atravesados durante el confinamiento, incluyendo la muerte de sus padres y la celebración del éxito de un tratamiento oncológico atravesado por su esposa. Cuenta Carvallo que ella, médica pediatra y dermatóloga, en los albores de la pandemia lo animó a investigar la combinación de ivermectina y corticoides. Este impulso se transformó en una alianza científica con el Dr. Roberto Hirsch. Tras los logros obtenidos, el libro enumera las sucesivas trabas que enfrentaron: desde la censura mediática y las campañas específicas de desprestigio de la ivermectina por parte de agencias sanitarias (como la FDA) y de distintas autoridades gubernamentales, hasta el vacío académico ante la negativa de las principales revistas científicas internacionales a publicar sus hallazgos. A esto también se sumaron, de acuerdo con el relato, amenazas directas del Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires en caso de continuar con sus estudios, así como una represalia económica, con la retención de su jubilación durante un año y medio. Ante esta censura, Carvallo y Hirsch optaron por la creación de su propia plataforma: la revista científica Research and Applied Medicine, un espacio de acceso abierto destinado a dar voz a investigadores silenciados por el sistema. Sobre todo esto habló el Dr. Héctor Carvallo con LA PALABRA.


—¿Cómo empezó esta investigación?
—Cuando se inició la pandemia, aunque yo ya estaba jubilado, empecé a recopilar cuantos artículos llegaban a mis manos desde el extranjero. Todavía no había llegado el COVID-19 a la Argentina, pero creía que debíamos estar preparados, y entonces reunía el material y se lo facilitaba al personal del hospital. ¿Por qué hacía esto? Porque lo mejor que se puede hacer frente a una situación desconocida es estudiar. Cuando uno está en la vorágine del trabajo, a veces se complica llegar a tu casa a la noche y ponerte a buscar artículos. Entonces, buscaba material para interiorizarme de la situación y ayudar a otros médicos. Cuando tenía reunidos unos ocho PDFs de doscientas páginas cada uno, empecé a ver que había cosas que no cerraban del todo. Como yo tenía experiencia, se planteó la posibilidad de investigar. Toda investigación requiere la autorización por parte del Comité de Ética, y eso lo planteo en el libro. La Municipalidad de Ezeiza fue rapidísima para aportar el Comité de Ética y la aprobación, y luego lo hizo el Comité de Ética del Hospital de Ezeiza. Con ese aval, empezamos a hacer investigación sobre ciertos fármacos que conocíamos, que eran muy tradicionales. ¿En base a qué? A experiencias anteriores. Si vos sabés que un virus entra por vía respiratoria, se parece a tal otro. Si sabés que avanza por los filetes nerviosos, se parece a aquel. Si sabés que produce una reacción en cadena desmedida, se parece a la segunda infección del dengue. Si sabés esto y sabés lo otro, aunque no le conozcas la fisonomía, conocés su modus operandi y podés planificar qué hacer en cada caso. Simultáneamente fuimos haciendo una clasificación de los cuadros en función de la gravedad. ¿Vos podés creer que es la única clasificación que hay en el mundo? Aún no hay otra. Hay una sola, que es la que se hizo acá. En base a eso fuimos diciendo: para este caso, esta medicación; para este caso, esta, y así sucesivamente. Cuando llegó la pandemia, lo pudimos poner en práctica tanto en el Hospital de Ezeiza y como en el Muñiz. Nosotros habíamos desarrollado el uso secuenciado de ivermectina (IVM), aspirina (AAS), dexametasona (DM) y enoxaparina (ENP) en el manejo de pacientes COVID, en particular en los leves de reciente diagnóstico, pero también en todas sus etapas. Los usábamos tanto en la prevención como en el tratamiento, con buenos resultados. Hasta ahí todo iba bien e íbamos salvando vidas.
—¿Y qué pasó después?
—A fines del 2020, nos hicieron una nota larguísima en la Televisión Pública, con un gran reconocimiento a la tarea realizada. Luego aparecimos en Crónica, en distintas radios y diversos medios. Hasta que, de pronto, se produjo un apagón informativo. Mirando para atrás, uno se da cuenta de que esto ocurrió simultáneamente en otros países. En Francia, por ejemplo, sucedió lo mismo con otras investigaciones que habían tenido notable éxito y que fueron aplicadas en muchos hospitales de la Unión Europea, hasta que fueron silenciadas y menospreciadas. Lo que se había hecho se borró de un plumazo y se negó todo lo avanzado. Volviendo a nuestro país en particular, hubo una gran operación mediática en contra de esto que estábamos haciendo. Pero, pese a eso, muchas provincias (La Pampa, Misiones, Corrientes, Tucumán, Jujuy) adoptaron el tratamiento y salvaron gran cantidad de vidas. En Jujuy lo dieron por aprobado directamente, con firma del gobernador y todo, y lograron descomprimir el sistema sanitario.
—¿Cuándo dijiste: tengo que escribir un libro con todo lo sucedido?
—Nunca llevé un diario, pero tenía cosas anotadas y tomé la decisión de reunirlas por un motivo: evitar el olvido. Así nació la idea del libro, aunque el relato resultara incómodo para muchos.
—¿Hoy se usa el protocolo IDEA?
—Pese a la oposición de las autoridades sanitarias, lo usan muchos profesionales de Argentina, Uruguay, Perú, Bolivia, Ecuador, Brasil, Costa Rica, México, Estados Unidos y Canadá. Eso por hablar de América. También sucede en España, Italia, República Checa, Eslovaquia, Reino Unido, Alemania y otros países.
—Quienes te conocemos sabemos que nunca fuiste una persona confrontativa. ¿Qué te llevó a dar esta pelea?
—Nunca lo fui, y es más, siempre conviví con muchas situaciones que no me parecían ideales, como la presión de las corporaciones farmacéuticas, pero que uno la iba llevando. Creo que en la pandemia no pasó nada que no hubiera pasado antes, pero sucedió todo junto y a nivel mundial. Ante gente que se moría sin atención o estaba siendo mal tratada desde el punto de vista terapéutico, uno no puede quedarse callado. Yo, al menos, no puedo quedarme callado. El juramento hipocrático dice que vos no podés perjudicar a un paciente, ni aun bajo amenazas. Y yo siempre traté de manejarme de acuerdo con ese juramento. Por eso este libro no es sobre un fármaco. Si fuera sobre un fármaco, sería un libro de medicina. Este libro es sobre una situación. Lo del fármaco en sí es un capítulo de los treinta del libro. El resto son cosas que pasaron. Es decir, son situaciones de primera mano en las que me vi involuntariamente inmerso. De todo esto doy testimonio en Pandemia en las sombras. La verdad en primera persona como un llamado de atención. Cuando las cosas se olvidan, vuelven a suceder.

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