Por Juan Carlos Ramirez Leiva | Junta de Estudios Históricos del Distrito de Ezeiza
Hoy conmemoramos un hecho doblemente trágico: la frustración de un deseo y el inicio de un calvario en el que muchos jóvenes perdieron la vida. Las islas Malvinas eran y siguen siendo legítimamente nuestras. Argentina ha buscado permanentemente recuperar las islas Malvinas desde que el usurpador inglés las ocupó en 1833. El reclamo es continuo y justo, siempre marcado por las reglas del derecho internacional.
Pero hubo una trágica excepción: cuando fueron enviados a la muerte para distraer a la opinión pública de los terribles crímenes que la dictadura cometía; fueron enviados a la muerte mientras el general dictador residía cómodamente en Buenos Aires.
En 1982 nos gobernaba una dictadura militar que despreció a sus ciudadanos, violando sangrientamente los Derechos Humanos. El Proceso agonizaba tras seis años de represión ilegal, especulación financiera y aislamiento internacional. Pensaron entonces que la recuperación de las islas les permitiría perpetuarse en el poder.
Fue una decisión inconsulta, dictatorial, encabezada por un general alcohólico. La aventura militar comenzó el 2 de abril de 1982; duró 74 días y murieron más de 700 argentinos. Conmemoremos, honremos, no olvidemos tantas muertes vanas, capricho de una macabra dictadura.
No glorificamos ni la guerra ni la muerte: damos gloria a quienes perdieron la vida en ella. No glorificamos la guerra, honramos a nuestros héroes: los que nos acompañan, los que continúan con vida y a los que quedaron haciendo una vigilia eterna en nuestras queridas e irrenunciables islas Malvinas, las mismas que son y serán argentinas.
Las islas Malvinas son y serán argentinas. Ejercemos nuestro derecho al reclamo. Las decisiones y las acciones que de ellas se desprendan serán tomadas siempre desde un gobierno democrático. Nunca más a las dictaduras; no a las guerras donde solo mueren adolescentes compatriotas.
Hoy recordamos que, desde finalizada la guerra, se han suicidado veteranos en un número similar al de los caídos en batalla, excluyendo a las víctimas del “Belgrano”. Hoy les ofrecemos nuestro respeto a quienes la guerra no les finalizó el 14 de junio de 1982, porque la llevan continuamente en sus vidas.
Hoy honramos la memoria de los héroes que ya no están y de los sobrevivientes, de nuestros queridos Veteranos de Guerra. ¡Gloria a nuestros héroes!
