REFLEXIONES | Los símbolos y la realidad

Escribe: Dra. Cristina Alejandra Romano

Estamos prontos a recordar el legado de mayo de 1810. No se nos escapa que el 11 es el Día del Himno, ese que cantamos en cada mundial. El 18 es el Día de la Escarapela, esa que te ponían antes cuando estabas en la primaria en los actos patrios. Hoy difícilmente veremos un niño con escarapela, tal vez alguna abuela vehemente se la coloque. El desuso de los símbolos patrios no es casual: un símbolo nos distingue, nos identifica, nos diferencia del resto del orbe, nos hace únicos e irrepetibles. La necesidad de uniformar, de globalizar, de igualar el pensamiento y el sentir, hizo que la batalla cultural barriera también con el himno y la escarapela. En las escuelas no se enseña ni el himno y menos aun las canciones patrias. Ya no está la maestra o la auxiliar con la canasta de cintas celestes y blancas repartiendo, cual French y Berutti, a la entrada del colegio el día del acto. Los niños y jóvenes usan con indiferencia remeras con símbolos patrios de naciones que no conocen, y… “¿cuál es?” dirán ante la llamada de atención. Esa réplica implica que la batalla se pierde junto con el efectivo ejercicio de los Derechos del Niño. En la página oficial del gobierno (www.argentina.gov.ar), en el seguimiento de gastos alimentarios en niñez, se puede ver que durante 2024 estuvo programado en huertas escolares 7797 millones, siendo ejecutados cero. Tampoco el INTA tiene el programa Pro Huerta. Los comedores asistidos: 15.261 millones programados, ejecutados cero. El resto ustedes pueden verlo a un click. El dato es anecdótico. El significado es la pérdida del derecho a alimentarse y de aprender a generar su alimento. Te quitan la identidad, te quitan el efectivo ejercicio de tus derechos. Parecieran no estar asociados ambos temas, pero se hallan estrechamente unidos. Si en esta semana de mayo no enseñamos el real significado de conocer nuestro himno, difundirlo y mostrarlo frente al mundo, de privilegiar la escarapela a la insignia que identifica a otros niños en otras latitudes, tampoco defenderemos el Derecho a la Salud, a la correcta alimentación y a aprender a producirlos. Poco a poco nos convencen de que no lo merecemos, que el símbolo de afuera es el elegible , que ese otro niño tiene derecho a la habitualidad de comer, aun mi propio alimento, mientras yo no lo merezco, yo no soy persona solo consumo inerme lo dado diciendo “¿y cuál es? ”.

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