Por Míster Afro | Esto No Está Chequeado | Ilustración: Digital Snatch | #FiccionesEzeicenses
Tras la entrega de trofeos y medallas de la Copa del Mundo, Harry Toshiba fue citado de urgencia por Lionel Scaloni.
El mentalista ezeicense se estaba retirando del estadio de New Jersey con su tele de 20 pulgadas en un carrito cuando recibió un WhatsApp de uno de los colaboradores más cercanos del entrenador. En el inesperado mensaje se le pedía que se acercara a una sala de conferencias del estadio.
Harry llegó al lugar y en la puerta lo atendió el propio Scaloni, quien le contó que conocía su trayectoria, que sabía de su Premio al Mejor Mentalista de Qatar 2022 y que le habían hablado de su trabajo de acompañamiento astral a la selección. Harry apenas balbuceó unas torpes frases de admiración y el deté de Pujato le explicó:
—Necesito que hables con los muchachos. Dieron lo máximo y, aunque saben que el segundo puesto es importante, se sienten apenados por no haberle podido ganar a España.
Harry entró al salón. El plantel entero, con Messi a la cabeza, estaba en silencio. Dibu, De Paul y Enzo lloraban sin consuelo. Paredes seguía bufando como un perro lastimado. El mentalista no se animó a pronunciar ni un “buenas tardes” por miedo a que el saludo les pareciera una ironía.
Apoyó la tele de 20 pulgadas sobre una mesa que enfrentaba al auditorio. Con nerviosismo, pero también con cierta templanza, pidió un alargue y encendió el aparato. Respiró hondo y concentró todas sus fuerzas para que la estática dejara lugar a otras imágenes.
En la pantalla aparecieron primero Passarella levantando la copa y después Maradona cargando el trofeo sobre los hombros de un hincha argentino. Enseguida surgió Italia 90: los penales atajados por Goyco y el seleccionado cantando el Himno e insultando a los italianos. La final de Brasil 2014 se mezcló con la Copa América de 2021.Los goles más significativos de la campaña de Qatar 2022 fueron el preludio de Messi alzando el oro, llevado en andas por el Káiser y luego por el mismísimo Diego. En un torbellino, las postales en movimiento se entreveraron con infinidad de hinchas festejando en distintas ciudades, nenes y nenas desbordados de alegría por los goles.
Extasiados, los jugadores y los integrantes del cuerpo técnico trocaron las lágrimas y los gestos adustos por rostros colmados de plenitud. La pantalla les siguió mostrando la felicidad que acababan de sembrar y que, en el porvenir, dará frutos en ellos, en sus familias, en las amistades y en tantos desconocidos que vibraron durante estos años. Todos se pudieron ver más canosos, contando anécdotas, riéndose y recibiendo afecto en distintos momentos de su vida.
Harry decidió retirarse del recinto y dejar al equipo en esa intimidad. Cerrando una etapa junto al plantel, le regaló a Scaloni la famosa tele de 20 pulgadas.
Iba a decirles “gracias” antes de irse, pero otra vez prefirió callarse y llevarse en sus retinas las caras de esos hombres volviendo a iluminarse como chicos.
Las palabras sobraban en la tarde del domingo.
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