MALVINAS | Recuerdos civiles de la guerra

Escribe: Juan Carlos Ramirez Leiva | Junta de Estudios Históricos del Distrito de Ezeiza

La decisión de la dictadura genocida de recuperar nuestras islas Malvinas sorprendió a nuestra sociedad. Seis años de ejercer un poder absoluto les habían permitido implementar un exitoso saqueo de las arcas del Estado, estatizando las deudas privadas de los «capitanes de la industria» y contrayendo onerosos préstamos, quebrando industrias a favor de los importadores y engrosando un “ejército” de desocupados que regulaba, por sí mismo, los salarios.
Apagados los efectos distractorios del Mundial ’78, el descontento social comenzaba a manifestarse en contra de los proyectos de eternizarse en el poder, sin dejar de considerar que el mundo se enteró de la falta de garantías ciudadanas, de los desaparecidos y de la lucha de las Madres de Plaza de Mayo.
EL DESEMBARCO
El exitoso desembarco en Malvinas no fue resultado de una improvisación. Fue el almirante Jorge Isaac Anaya quien diseñó el plan para recuperar las islas. Las movilizaciones de los cuadros se realizaron en perfecto secreto, a punto tal que hubo conscriptos que no se dieron cuenta de que desde los camiones pasaron directamente a estar dentro de un Hércules. Muchos de estos colimbas nuevos no tenían todavía una apropiada instrucción, ya que hacía solo un mes que habían sido convocados y, además, algunos de ellos no tenían idea de dónde quedaban las islas Malvinas. Para evitar problemas de reclamos sociales, movilizaron contingentes desde el norte del país para ir a combatir en el frío clima del archipiélago, a días del comienzo del invierno.
La sorprendida sociedad reaccionó de maneras diversas. Solo unas cuantas horas habían pasado desde la violenta represión sufrida por la movilización en contra de los usurpadores del poder. Sin embargo, el tema Malvinas sensibilizó el clima social y se llevó a cabo otra movilización, esta vez en apoyo del Gral. Galtieri, cuando este dio a conocer que las islas habían sido recuperadas
La desesperación de las familias por conocer el destino de sus hijos contrastaba con un desmedido e incomprensible júbilo por entrar en guerra. Las Madres de Plaza de Mayo, el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel y otros referentes sociales alertaban sobre el desatinado plan. Militares y civiles se unían en un triunfalismo que dejaba de lado los daños producidos al país y a sus habitantes, con un saldo de 30.000 desaparecidos y la pérdida de derechos ciudadanos.
En Ezeiza, la Municipalidad de Esteban Echeverría (estábamos dentro de su jurisdicción las localidades que hoy integran el distrito de Ezeiza) puso a Defensa Civil como convocante a una reunión que se llevó a cabo en las instalaciones de la Sociedad de Fomento Ezeiza-Canning. Tras palabras de rutina, se eligieron delegados denominados jefes de manzana, quienes tendrían a su cargo supervisar que el enemigo no tuviera la posibilidad de bombardear el aeropuerto de Ezeiza.
Lo disparatado de la propuesta no fue cuestionado por quienes asistimos a esa delirante reunión, en donde se nos instruyó que debíamos lograr que, a las 22 hs. de cada día, los vecinos a nuestro cargo apagaran todas las luces de sus casas o que, en su defecto, taparan las ventanas con frazadas para impedir que la luz se viera en el exterior y pudiera guiar a aviones enemigos.
Nadie se rio de la propuesta; solo hubo un silencio y cruce de miradas entre quienes no dejaban de considerar que el uso del radar ya había hecho su aparición durante la Segunda Guerra Mundial y que ya no se necesitaban luces en tierra para guiar aviones. El silencio en la sala fue por prudencia y por la conciencia de que ya habían desaparecido tres hijos de Ezeiza durante la dictadura en curso.
El punto siguiente fue aún más disparatado, ya que se trató de cómo podíamos colaborar desde nuestra civilidad. No faltó el empresario que propuso recaudar dinero para que el Ejército dispusiera en qué usarlo. La propuesta tenía un sentido muy práctico, pero daría lugar a confusiones que debían evitarse, por lo que no prosperó. Luego se propusieron ideas que no se adecuaban a la realidad de una guerra, como la de tejer pulóveres para evitar que los soldados tuviesen frío, y otras que finalmente quedaron dibujadas en el aire, tras lo cual la reunión se disolvió.
Algunos vecinos de la cuadra me preguntaron por la reunión y les di un resumido informe. Jamás recorrí las casas de los vecinos para controlar sus luces, dada lo disparatado de la propuesta, difundida solo con el propósito de hacer participar a la sociedad y evitar cuestionamientos.
El 14 de junio terminó el desatino, pero no las muertes y el dolor provocados por una decisión que solo buscaba mantenerse en el poder. Al general gobernador en las islas le preocupó más el lustre de sus botas que contener a los compatriotas combatientes. Nuestros héroes.

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