ADIÓS A UN PRÓCER | Falleció el docente Jorge Andrés Couceiro

Ícono de nuestra comunidad, se dedicó a la enseñanza durante 59 años y fue el emblemático director de la Escuela de Educación Secundaria Nº 2 Organización de los Estados Americanos (OEA) de Carlos Spegazzini. Su compromiso con la educación marcó a varias generaciones, que lo despidieron con innumerables muestras de afecto y reconocimiento.

Profundo dolor causó la partida de Jorge Andrés Couceiro, a los 89 años, ocurrida el pasado lunes. Ícono de nuestra comunidad, Couceiro se dedicó a la enseñanza durante 59 años y fue el emblemático director de la Escuela de Educación Secundaria Nº 2 Organización de los Estados Americanos (OEA) de Carlos Spegazzini. A través de las distintas etapas y denominaciones, estuvo ligado a la institución desde 1983. En 1995, en consonancia con la puesta en marcha del nuevo distrito de Ezeiza, la escuela recibió su nombre actual, coincidiendo con la inauguración de su edificio. Bajo esta denominación Couceiro fue director de la Escuela de Educación Secundaria Nº 2 hasta su jubilación, en 2017. Pese al retiro, nunca se alejó del todo del establecimiento y durante muchos años continuó asistiendo para colaborar con la institución que había ayudado a construir.
Nacido el 19 de enero de 1937, vivía en el barrio porteño de Flores. Casado con la docente Amelia González, fue padre de Ariel Edgardo y Fabio Adrián. Al conocerse la noticia de su partida, muchos docentes, preceptores, auxiliares, padres, madres y exalumnos lo recordaron con afecto y admiración. “Couceiro fue un docente muy especial, con una vocación y un compromiso sin igual”, reflexionó Claudia Bravo, en diálogo con LA PALABRA. Primero lo conoció como alumna (integró la primera promoción, en 1983) y luego se desempeñó como preceptora de la escuela secundaria entre 1991 y 2022. “Él pensaba, sobre todo, en los alumnos y las alumnas. Son miles las anécdotas que lo pintan de cuerpo entero. Hace poco una mujer me contaba que estaba por abandonar la escuela por problemas en su casa. Él habló con ella y la hacía estudiar en la dirección, brindándole la contención que no encontraba en su hogar. Hace años, cuando los chicos todavía usaban corbata, un alumno no quería asistir a una fiesta escolar. Couceiro insistió en saber el motivo y el joven le confesó que no tenía corbata. En ese mismo instante se sacó la que llevaba puesta y se la regaló. Aunque vivía en Flores, era el primero en llegar y el último en irse. Daba el ejemplo no solo con lo que decía, sino también con su forma de actuar”.
Claudia Bravo también recordó otra de las grandes preocupaciones del histórico director: que sus alumnos conocieran otros lugares y ampliaran sus horizontes. “Organizaba salidas y excursiones educativas, que él consideraba fundamentales para que los chicos conocieran otros mundos. En una oportunidad llegó a organizar un viaje a Mundo Marino con siete micros para alumnos de primaria y secundaria. Todo lo hacía porque estaba convencido de que la educación transforma nuestras vidas”.
Esta certeza marcó toda su trayectoria. Contador Público Nacional, con estudios completos de Doctorado en Economía y de Licenciatura en Administración, inició su carrera docente en el Colegio Euskal Echea de Llavallol, donde había cursado sus estudios secundarios. Más tarde dio clases en la Escuela Media Nº 1 de Monte Grande y en la entonces Escuela Primaria Nº 22 (actual EP Nº 7) de Carlos Spegazzini.
Su mayor legado, sin embargo, quedó ligado a la Escuela de Educación Secundaria Nº 2, convirtiéndose en una referencia para generaciones de estudiantes, docentes y familias. En 2017, al jubilarse con 80 años, la comunidad educativa le brindó un emotivo homenaje en la escuela de Larrea 640. En aquella oportunidad, rodeado de exalumnos, colegas, autoridades y vecinos, Couceiro agradeció el reconocimiento con palabras que reflejaban la humildad que siempre lo caracterizó. “A la educación hay que tomarla con total vocación. A mí no me gusta cuando los docentes dicen que somos trabajadores de la docencia, porque en realidad somos profesionales de la docencia, y eso nos obliga a más. Debemos aportar ideas, involucrarnos, buscar soluciones, innovar. Nosotros no trabajamos con máquinas; trabajamos con seres humanos y estamos formando personas”, expresó entonces.
Su mirada sobre la enseñanza trascendía el aula. Solía advertir sobre los cambios sociales que impactaban en la escuela y sostenía que el docente debía acompañar a los alumnos también desde lo humano. Esa filosofía explicaba por qué muchos estudiantes encontraban en él no solo a un director, sino también a un consejero y un referente.
Couceiro también tuvo participación en la vida pública. Entre el 22 de marzo de 1972 y el 25 de mayo de 1973 se desempeñó como intendente de Esteban Echeverría, aunque fue en las aulas donde dejó la huella más profunda.
Con su fallecimiento desapareció una figura emblemática de la educación y muchos consideran que la Escuela de Educación Secundaria Nº 2 de Carlos Spegazzini debería llevar su nombre. Su legado, construido a partir del compromiso, la cercanía y la convicción de que la escuela puede transformar vidas, permanecerá vivo en la memoria de miles de alumnos, docentes y vecinos que tuvieron el privilegio de compartir parte de su camino.

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