CRISIS SENSORIALES EN NIÑOS CON TEA | Una deuda pendiente en las escuelas

Escribe: Lic. Maximiliano Rodríguez (*)

En los últimos años, nuestras escuelas han avanzado en la integración de niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA). Sin embargo, esa integración muchas veces se queda en el discurso y no en la práctica cotidiana. Hay una problemática concreta, urgente y silenciosa que atraviesa a cientos de familias: el manejo inadecuado de las crisis sensoriales en el ámbito escolar.
Como licenciado en Enfermería, emergentólogo y sanitarista, trabajo desde hace años en contextos donde las crisis —emocionales, físicas o sensoriales— requieren respuestas técnicas, humanas y oportunas. Desde ese lugar, desarrollé una propuesta de Asistencia en Crisis Sensorial, basada en investigaciones científicas, normativas de la ONU y en la Ley Nacional de Salud Mental, con un objetivo claro: que este conocimiento deje de ser exclusivo del sistema de salud y se convierta en una herramienta cotidiana para los docentes.
Hoy vemos un aumento sostenido de niños con TEA integrados en escuelas comunes. Muchos de ellos sufren crisis no por su condición, sino por la falta de ajustes ambientales mínimos: ruidos excesivos, sobreestimulación, cambios abruptos de rutina o ausencia de espacios seguros. Cuando el sistema no comprende qué está ocurriendo, la respuesta suele ser equivocada.
El desconocimiento técnico puede derivar, sin intención, en situaciones de exclusión o incluso de violencia institucional: uso de fuerza física, castigos, aislamiento o llamados innecesarios a servicios de emergencia. Nada de esto resuelve la crisis. Todo esto la agrava. Y lo más grave: son situaciones absolutamente evitables.
Las crisis sensoriales no son berrinches ni conductas disruptivas. Son respuestas del sistema nervioso ante un entorno que desborda. Existen protocolos claros, visuales y simples que permiten intervenir sin violencia, proteger al niño, al docente y al grupo, y prevenir consecuencias mayores.
En ese marco, diseñé un pictograma protocolizado, pensado para ser comprendido y utilizado por cualquier persona, desde un niño hasta un adulto. Esta herramienta permite asistir de manera adecuada a niños con TEA durante una crisis sensorial, aun cuando quien interviene no tenga formación médica previa.
El dispositivo lleva el nombre de “Método Octavio”, en homenaje a un niño con TEA, y nace a partir de su necesidad asistencial concreta. Su objetivo es claro: traducir el conocimiento técnico en una herramienta accesible, humana y aplicable en el territorio.
Desde una mirada de salud pública, este tema nos interpela como comunidad. Como sanitarista en el distrito de Ezeiza, considero que capacitar a nuestras escuelas en asistencia en crisis sensoriales es una inversión en bienestar, inclusión real y prevención. Escuelas preparadas son escuelas más seguras: para los niños, para los docentes y para las familias.
Mi propuesta apunta a formar, no a señalar; a prevenir, no a reaccionar tarde. Transformar las escuelas en espacios donde la diversidad no sea tolerada a medias, sino comprendida y acompañada con herramientas concretas.
Visibilizar esta problemática es el primer paso. El segundo es asumir que tenemos el conocimiento técnico disponible y que es nuestra responsabilidad ponerlo al servicio de la comunidad.
Porque la inclusión no se declama: se practica.

(*)WhatsApp: 1161858650 | Instagram: @heroes.deguardia

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