HISTORIA | Caminando recuerdos por Ezeiza (II)

Por Juan Carlos Ramirez Leiva | Junta de Estudios Históricos del Distrito de Ezeiza

Desde este estupendo punto de partida para conocer Ezeiza en el recuerdo, la esquina de Domingo French y Esteban Echeverría, tomamos camino hacia la barrera de Garibaldi. Años después, rebautizada P. Pravaz, en honor a un respetado vecino.
Enfrente de la heladería Petra, un baldío con plantas de naranjas inaccesibles para los chicos que por allí pasaban, ya que el cerco no era solo de alambre, sino también vegetal. Le seguía la carnicería de Santiago Tissone y la verdulería atendida por José Dileo. Donde posteriormente funcionó el Banco Provincia, estaba la Unión Telefónica y sus aparatos con clavijas, bocinas y un darle cuerda para comunicarnos. El primer jefe fue Rafael Gaddini y los primeros teléfonos estaban instalados en las casas de las familias Goñi, B. García, P. Pravaz (en la guía de 1926 figura con el N.º 20), los hermanos Harguindeguy y M. Ferrari. Solo se disponía de otro teléfono público, ubicado frente a la boletería, en la sala de espera de la estación del ferrocarril.
Hacia finales de la década de 1940 o principios de la del 50, se estableció por la misma vereda la segunda farmacia, que era atendida por Cayuelas, primera farmacéutica. En este lugar se instaló posteriormente la primera zapatería, propiedad de Ferrari. En la esquina, el bazar de Steiman, tíos de Clarita Steiman y del locutor de Canal 9, conocido como Fernando de la Vega. Así cerraba la vereda de una cuadra que, a mediados de la década de 1950, ya contaba con una nueva vecina instalada entre la zapatería y la U. T. (ya adquirida por el Estado en 1946 y que pasó a llamarse oficialmente E. M. T. A., pero que, para los vecinos, siguió siendo la Unión Telefónica). La nueva vecina, de nombre Teresa, fue enfermera del Hospital Ezeiza. Hasta entonces, solo se contaba con los servicios de doña Amanda, la Alemana, que vivía en Liniers entre V. López y Chacabuco. Por muchos años, a las parturientas las atendía Mariana, a quien había que traer desde Monte Grande.
Desde la heladería Petra, en donde primero funcionó la tienda de Basilio García, un cerco con tranquera se extendía hasta la casa de Luis Fuentes, en donde desde 01/1941 se estableció el Correo, siendo Rafael Saracino su primer jefe (anteriormente funcionaba una estafeta sobre la Ruta Nacional 205). Pegado al correo se encuentra la casa de Poroto Álvarez, quien militó activamente en la política, a punto tal de pintar, a fines de los 40, el escudo Justicialista en el tanque de agua de su vivienda y quien, con otros vecinos, plantó un pino en la Plaza San Martín, como homenaje a la gesta de octubre de 1945.
Al lado de la casa de Poroto vivía la familia de Alberto Zanelli, un vecino en cuyo camión se efectuaban los picnics a Punta Lara o a Luján, y que participó del grupo que trabajó para la construcción de la Plaza M. Belgrano. Entre V. Liniers y P. Pravaz se encontraba la carpintería de Luis Azcoitía, casado con Nélida Garayar, quien asistió en sus últimos instantes a la señora de Miranda, quien, en su desesperación, se colgó de la ventana de su casa (ubicada en donde hoy funciona la Cárcel de Mujeres), cuando se dispuso que su campo fuera expropiado para la construcción del aeropuerto.
Pegada a la carpintería del vasco Azcoitía estaba la verdulería de Aníbal Taboada y, justo enfrente, la casa de Juana Corbeta. Esta señora, muy delgada y de avanzada edad (había nacido alrededor de 1860), era la primera en enterarse de quién visitaba el pueblo, debido a su cercanía con la barrera que habilitaba el pasaje hacia la calle principal. Este camino remataba en el río Matanza, tan frecuentado por las familias en el verano para refrescarse en sus cristalinas aguas. Hasta allí se llegaba en bañaderas, tras recorrer un camino flanqueado por campos sembrados con maíz.

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