HCDE | Gran cantidad de público visitó la muestra “Ana Frank, una historia vigente”

Gran cantidad de alumnos y alumnos de escuelas de primaria y secundaria del distrito, socios de centros de jubilados y pensionados y público en general visitó la muestra “Ana Frank, una historia vigente” que estuvo abierta entre el 29 de septiembre y el jueves 9 de octubre en la sede del Honorable Concejo Deliberante de Ezeiza (Avellaneda 51, JM Ezeiza), organizada por el HCDE presidido por Dulce Granados, la Secretaría de Cultura de Ezeiza y el Centro Ana Frank Argentina para América Latina. Con el objetivo de mantener viva la memoria y transmitir valores de respeto, paz y convivencia, la exposición itinerante permitió a los visitantes a reflexionar sobre la vida de Ana Frank, a través de imágenes, textos y documentos. El pasado jueves, en el cierre, pasaron por la muestra jubilados de La Unión y Carlos Spegazzini, y un contingente de la Escuela N° 4, junto a la preceptora Griselda Caci y a la vice Soledad de Jesús, quien brindó testimonio para LA PALABRA. Estudiantes de la N° 4 trabajaron sobre el legado de Ana Frank con la profesora Nora Ríos. A cargo de las visitas guiadas estuvieron, entre otros, Micaela Cortez y Dante Ruiz Díaz, alumnos de la Escuela Secundaria N° 8.

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LEGADO | LA IMPORTANCIA DE CONSTRUIR UNA EDUCACIÓN LIBRE DE DISCRIMINACIÓN. Desde el 2012, a partir de la sanción de la Ley 26809, cada 12 de junio se conmemora en Argentina el “Día de los Adolescentes y Jóvenes por la Inclusión Social y la Convivencia contra Toda Forma de Violencia y Discriminación”, en recuerdo del natalicio de Ana Frank. Esta efeméride permite reflexionar sobre la importancia de promover acciones educativas libres de discriminación, así como de fortalecer la construcción de ciudadanías democráticas. Ana Frank nació el 12 de junio de 1929, en Fráncfort del Meno, Alemania. Era hija de Edith y Otto Frank, y hermana menor de Margot. Con el ascenso del nazismo en Alemania, ella y su familia tuvieron que mudarse a Ámsterdam, en los Países Bajos. Allí, el padre de Ana inició una nueva compañía llamada Opekta, que producía pectina para la elaboración de mermeladas. Sin embargo, el avance del nazismo en Europa era cada vez más fuerte, así como el recrudecimiento de sus políticas antijudías. En julio de 1942, la hermana de Ana, Margot, recibió una citación para presentarse ante las autoridades y ser llevada a un campo de trabajo. Ante la duda sobre qué hacer, Otto y Edith resolvieron no enviarla y comprendieron que había llegado el tiempo de esconderse. Otto llevaba tiempo preparándose para ocultar a su familia en la llamada “casa de atrás”, que era un depósito vacío ubicado detrás del edificio donde tenía su empresa, en la calle Prinsengracht 263. Durante el tiempo que estuvieron en la “casa de atrás” recibieron la ayuda de personas protectoras, quienes colaboraron para que pudiesen mantenerse a salvo y les brindaron lo necesario para su confinamiento. Ellas y ellos fueron Miep Gies, secretaria de Otto hasta entonces, Johannes Kleiman, Victor Kugler y Bep Voskuijl. Ana tenía el sueño de ser periodista, por lo que escribía constantemente en su diario íntimo, al que llamó Kitty. Allí plasmaba sus emociones y vivencias de ese tiempo tan difícil. La escritura de Ana permite tener un acercamiento al modo en que las infancias y juventudes vivieron el Holocausto y a las formas en que el horror convivía con la esperanza y el anhelo de vivir y cumplir sueños. En 1944, luego de una denuncia anónima, la Gestapo descubrió el escondite y apresó a quienes allí se encontraban. Ana y su hermana murieron en el campo de concentración nazi de Bergen-Belsen, luego de que ambas se enfermaran de tifus; su madre fue asesinada en Birkenau y solo su padre logró sobrevivir al Holocausto. Miep Gies y Bep Voskuijl encontraron y guardaron el diario íntimo de Ana y luego del Holocausto se lo entregaron a Otto, quien lo publicó bajo el título de “El diario de Ana Frank”. Su lectura ilumina un tiempo de oscuridad; se destaca en tanto testimonio de lo vivido y permite conocer más acerca del Holocausto desde una mirada humana, que convoca a reflexionar sobre los discursos de odio y sus consecuencias. Conocer la historia de Ana Frank en la escuela (un ámbito privilegiado para el intercambio y el encuentro en la diversidad), así como la de otras chicas y otros chicos que tuvieron que vivir el Holocausto, es una oportunidad para promover una educación en y para los derechos humanos, que permita reflexionar acerca del mundo actual y la necesidad de vínculos más solidarios y libres de discriminación.

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