OPINIÓN | Clamamos paz, incitamos odio

Escribe: Dra. Cristina Alejandra Romano | Especial para LA PALABRA

Las noticias de los últimos días, con el triple homicidio de las jóvenes, despertaron alarmas.
Aunque todas las vidas, por supuesto, tienen el mismo valor, me detendré en Lara, la joven de 15 años.
Por la Convención de los Derechos del Niño, Lara en particular debió ser objeto de atención de los organismos de niñez. Nada se dijo de la historicidad de Lara que correspondería a su etapa etaria: su escolaridad. En principio, estaba en edad de asistir a la educación obligatoria. Si Lara no asistía a la escuela, ¿dónde estuvieron los órganos de control?
Si Lara deambulaba por las noches en las calles, siendo menor y estando en riesgo, ¿dónde estuvieron los órganos de contralor?
No es este un planteo político, sino legal, de cumplimiento de las leyes de protección de infancia: en la provincia de Buenos Aires, la Ley 13.298; y a nivel nacional, la Ley 26.061.
¿Qué pasa con la sociedad que asiste y avala estas situaciones? Los organismos que mencioné, los usuarios de los servicios que prestaba Lara, su escuela, su familia, sus vecinos, todo adulto o institución que debe ocuparse de las Laras. Porque no nos engañemos: Lara no es un caso aislado. Quien suscribe ha tenido y tiene, en lo profesional, casos de niñas víctimas de estos delitos.
Otro elemento social que nos debiera llamar a reflexión es la formación que damos a las nuevas generaciones en la temática de la violencia en todas sus formas. Los adultos en entornos de niños, desde los 6 años y aun menores, hacen consumir a los chicos unos stickers denominados “Capibara”. En apariencia, un animalito inocente y simpático. Pero no hubo adulto al momento, ni medio de comunicación, ni comunidad educativa, ni organismo de niñez, ni colegio de psicólogos que alertara sobre las acciones de estos animalitos en los stickers. Hay imágenes que incitan al suicidio; otras, donde amenazan con arma blanca.
Recordemos que vivimos en una sociedad que ha elegido el consumo y el libre mercado y que, por tanto, esto permite que consuman los niños.
Los invito a reflexionar: niños que consumen estos stickers desde tiernas edades, otros que debaten con la miseria material y afectiva como alimento diario, ¿no llevan a caminos de ser finalmente Laras…?
En el Día de la No Violencia, cuando en el mundo asesinan a 28 niños por día en algo que pretenden llamar guerra, cuando en forma vernácula la batalla cultural contra el concepto de femicidio deja de lado a los niños a la deriva de esas mujeres muertas, no olvidemos que una de las chicas asesinadas, de veinte años, era madre.
Cuando alentamos como sociedad la violencia y la autoagresión, es momento de responder: ¿con qué valores querés alimentar al capibara que das de sustento afectivo a tus niños?

Aviso